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Leyes naturales y suicidio a fuego lento

Texto original en el blog de Pedro Jara

Cuando algunos colegas de profesión me han preguntado cuál es mi enfoque de la Psicología, a veces comento que mi visión de la Psicología, de la terapia y de la vida, es de tipo naturalista-constructivista. Con ello quiero expresar que fundamentalmente constato la necesidad de respetar las leyes naturales inapelables, que al ser violadas conducen, también de forma inapelable, a todo tipo de sufrimientos. Existe entonces también la necesidad de construir y evolucionar desde ahí, manteniendo en todo caso el respeto esencial a esos principios. Podemos construir y crear, pero ello debería estar siempre en el marco del respeto a las leyes básicas de la naturaleza. Esto no significa en absoluto abogar por la vuelta a las cavernas, sino una evolución y un artificio enmarcado y constreñido dentro del respeto a esas leyes. Leyes sencillas de enunciar, pero difíciles de observar en todo momento.

La mera contemplación y el esfuerzo por comprender a la naturaleza han sido siempre mi mayor fuente de aprendizaje. En mis dos libros dirigidos al gran público queda patente esta visión, y en Adicción al Pensamiento formulo de modo explícito, desde el inicio, las tres leyes esenciales que guían, fundamentan y desde las cuales se construye todo el texto: causalidad, equilibrio y adaptación. Por ello mi visión es también profundamente sistémica, porque la naturaleza, la realidad, lo es.

Así que, cuando surgen las dudas, vuelvo a preguntarle a la naturaleza. Además de las tres leyes generales reseñadas existe una ley que alude a cómo todo organismo o entidad material se transforma y crece siempre de forma limitada, hasta un punto de degeneración y muerte; y todo proceso natural sigue así una cadena cíclica, circular, a modo de circuito cerrado. Una transformación y una evolución, de nacimiento y muerte constantes, que transforma pero preserva la energía existente, con la única fuente externa de la energía del Sol. Por ello no hay nada en la naturaleza que no sea reutilizable.

La naturaleza practica una economía circular, una economía estacionaria, sin crecimiento, de circuito cerrado, donde la energía siempre está disponible para seguir alimentando el ciclo. Todo cambia constantemente, y a la vez todo está siempre ahí. La naturaleza practica una economía ecológica, como no podría ser de otro modo. En línea con ello, ninguna especie animal, salvo la especie humana, se muestra ambiciosa. Todos los seres luchan por satisfacer sus necesidades, pero ninguno lo hace de manera abusiva. Toman lo que necesitan y después se detienen, y descansan, y juegan, y aman.

El ser humano es la única especie abusiva e incansablemente ambiciosa sobre la Tierra. Sólo la especie humana vive y evoluciona violando las leyes naturales básicas, y una manera manifiesta en que lo hace es fundamentando su economía en un sistema de crecimiento y de consumo ilimitado, perpetuo, acumulando deshechos sin retorno, progresando sobre energías caducas, rompiendo los ciclos de reabastecimiento... Ésta es la condición definitoria esencial del liberalismo capitalista que nos rige y al que todos respondemos, que se apropia de expresiones como “desarrollo sostenible” vaciándolas de contenido y maquillando su maquinaria. Un sistema propio de nuestra condición ambiciosa y abusiva. Con independencia de los importantes matices que la derecha o la izquierda políticas le quieran dar a ese sistema, ambas lo apoyan o, como mínimo, no lo cuestionan de manera abierta y decidida. Y aquí está, dicho sin ambages, la profunda estupidez y ceguera en la que nos movemos propia de estas tendencias. Más allá del famoso y políticamente correcto alegato a que todas las opiniones son respetables, no hay nada respetable ni defendible en un planteamiento vital suicida, ignorante, que no responde a una opinión lícita sino a un mero desconocimiento básico de las reglas que la naturaleza nos impone.

Es preciso decirlo con claridad. Puede resultar muy difícil asumir que tanta inteligencia sobre la Tierra construya y siga modos de vida profundamente absurdos, estúpidos y peligrosos. Pero tal cosa es perfectamente compatible, y así es como ocurre. La inteligencia y la estupidez no son cosas opuestas, sino los ingredientes complementarios de un cóctel fatídico: la inteligente y refinada construcción de un desastre. Algo así como el desarrollo de una gran inteligencia militar, como la construcción y uso de la bomba atómica. Por ello distingo siempre la inteligencia de la sabiduría.

Minimizamos o negamos el gran abismo del cambio climático y el general deterioro ecológico, exprimimos sin posibilidad de regeneración el hábitat que nos alimenta, y destruimos sin freno la casa que nos acoge, pretendemos crecer de manera crónica cuando sólo el cáncer hace tal cosa… Hablar de la necesidad imperiosa de una economía ecológica, de una ecología política y de una economía estacionaria, sin crecimiento, se convierte en algo minoritario, arrinconado, incluso “tocanarices” para los grandes debates que mayoritariamente –y absurdamente- nos ocupan, distraen y entretienen. Y así, de distracción en distracción, de entretenimiento en entretenimiento, de urgencia en urgencia y de opinión en opinión, seguimos olvidando lo importante, lo inescapable, lo inopinable.

No se trata de que pagaremos las consecuencias, como si fuera una afirmación radical y apocalíptica que nunca llega, sino de ser capaces de apreciar que ya las estamos pagando. Está ocurriendo ya. Porque todo ello está detrás de tanta injusticia y desequilibrio, de tanta enfermedad, de tanto conflicto, de tanta hambruna, de tanto desastre… Entretanto, absurdamente se pretende situar la causa de todo ello en cuestiones tan puntuales y laterales a las causas de base como pueden ser unas crisis financieras, unas determinadas decisiones políticas o unos liderazgos corruptos. Ya estamos pagando las consecuencias, aunque se quieran disfrazar y vender de otra cosa, y cada vez las pagaremos de manera más dramática y generalizada.

Pero como no hay más ciego que quien no quiere ver, ni comodidad más atractiva que la de mantener el estado suficiente de las cosas y los modos de vida establecidos, ni resistencia más acérrima que la de quienes tienen que encajar en sus estrechas mentes la insoslayable realidad, sólo nos queda trabajar por intentar abrir esas mentes y generar la comprensión necesaria que nos conduzca al respeto a las leyes que nos gobiernan. Que nos gobiernan lo queramos o no.

También lo diré sin ambages: no soy precisamente optimista al respecto. Los cambios radicales sólo se dan ante necesidades y tensiones radicales. Así que, salvo ingenuidad, no podemos hacer nuestra modesta aportación desde una gran esperanza, y sólo podemos recurrir de manera sólida a la coherencia. La esperanza en un proceso siempre frágil y depende de demasiadas cosas, pero la coherencia es plenamente una decisión personal, autodependiente y más inquebrantable. Así que ejercer la mayor coherencia posible hacia la movilización de los cambios necesarios es una cuestión de integridad, de atención al proceso, y de construir con los ladrillos de nuestro mejor ejemplo posible.

Pedro Jara

Imagen portada: Rafael Gershon Glückstern

Vídeo de la presentación de El Mundo Necesita Terapia

El Mundo Necesita Terapia es el libro que ReGenera ha editado para descarga gratuita a través de nuestra web, gracias a la cesión realizada por nuestro compañero y autor Pedro Jara Vera. En Marzo de 2014 se grabó en Granada esta conferencia que compartimos de forma integra, y que replica la que supuso su presentación oficial en Murcia, en Diciembre de 2013. Nuestro compañero Miguel Angel García introduce a la conferencia de Pedro con una breve presentación del proyecto de ReGenera.

 

ReGenera edita El Mundo Necesita Terapia

“Si el mundo fuera un solo gran organismo con voz, sentado ante la mesa del psicoterapeuta, expresaría sin duda una gran cantidad de lamentos y síntomas de enfermedad”. En este ensayo, Pedro Jara Vera, socio fundador y actual impulsor de ReGenera, y autor así mismo del libro Adicción al Pensamiento, examina a la humanidad global como un gran y complejo paciente, realizando un análisis fundamentalmente psicológico y sistémico acerca de la enfermedad multivariada que aflige al mundo.

Más allá de apriorismos de tipo ideológico, sino más bien tomando como base el estado de los conocimientos científicos y la experiencia probada en la resolución efectiva de los problemas humanos, el libro recorre distintos tipos de evidencias fácticas, hechos psicológicos y causas de distinta índole que explican en qué y por qué el mundo necesita terapia. Todo lo anterior nos permite apuntar lógicas orientaciones derivadas del conocimiento accesible, en forma de un auténtico “paquete terapéutico”, para sanear nuestra existencia sobre el planeta.

En coherencia con el contenido y propósito de la obra, el libro ha sido cedido gratuitamente a ReGenera para su edición y distribución, libre y a precio de coste, de tal manera que las aportaciones voluntarias que los lectores deseen realizar por la descarga de la obra vayan a los fondos de la asociación y contribuyan a poner en marcha su proyecto central de la Escuela de Vida.

CONFERENCIA PRESENTACIÓN DEL LIBRO: EL MUNDO NECESITA TERAPIA
Por Pedro Jara Vera

Edición de “ReGenera Consciencia de Cambio”

Lugar: Salón de actos del edificio de la Delegación del Gobierno. Avda. Alfonso X, nº 6 MURCIA.

Fecha: Viernes 20 de Diciembre, a las 19.30 hs.

A partir de esta fecha el libro, un ensayo psicológico sobre “la enfermedad del mundo”, podrá ser descargado en PDF a través de la web de ReGenera (www.regeneraconsciencia.org). La descarga será gratuita, aunque se agradecerá cualquier aportación voluntaria que se desee realizar para los fines de la asociación; cada persona puede considerar el valor y coste que en tal sentido supone el desarrollo y difusión de la obra. La versión impresa del libro podrá solicitarse contra-reembolso por su precio de coste (5 euros + gastos de envío) a la dirección de correo electrónico pedro.jara@regeneraconsciencia.org, o también a través de las librerías de Diego Marín, en Murcia.

El mundo necesita terapia

Ilusionismo

(Este artículo es un extracto de libro de próxima publicación “El Mundo Necesita Terapia”)

El ilusionismo es una tipología de autoengaño que implica la tendencia inconsciente de las personas a fabricar en su mente una información que les permite creer aquello que les resulta momentáneamente agradable, aunque tales visiones y creencias así producidas estén muy desconectadas de la experiencia y acaben, por tanto, golpeándose contra ella. La mencionada creencia cortoplacista de que la pirámide consumista y capitalista no se derrumbará nunca, está vinculada a un pensamiento claramente ilusionista. Esta creencia se apoya a su vez en lo que podríamos considerar un “ilusionismo científico y tecnológico”, esto es, la ilusión de que el desarrollo científico y tecnológico conseguirá ir solventando, de manera satisfactoria, todos los problemas asociados a los límites del planeta en relación con nuestro sistema de vida actual: carencia de alimentos de calidad, exceso de residuos contaminantes, desertificación de tierras, carencia de agua potable, hacinamiento, etc. El ilusionismo de este planteamiento ilustra la diferencia, a menudo poco entendida, entre el pensamiento positivo, optimista y constructivamente transformador, y el pensamiento ingenuo, ilusorio, simplista y destructivo. La fe ciega en el progreso científico para resolver la crisis ecológica es el pilar fundamental de las “sociedades del crecimiento”, y uno de los argumentos centrales del neoliberalismo ante los defensores de la teoría del decrecimiento económico. Sin embargo, es precisamente el neoliberalismo quien está haciendo oídos sordos a la ciencia, y a sus advertencias sobre la necesidad cada vez más imperiosa de reducir las emisiones contaminantes para frenar el cambio climático, o sobre la imposibilidad de hacer inmortal a un modelo de crecimiento material y demográfico perpetuo (Hirsch, 2004; Meadows y cols., 1972).

Otro ejemplo de planteamiento ilusionista asociado directamente a lo anterior es la idea, con frecuencia alardeada, de que un desarrollo económico lo bastante logrado –conservando la esencia de los modelos económicos actuales- puede aspirar a acabar con la pobreza en el mundo, y a equiparar en buena medida a todos los ciudadanos por el límite superior del bienestar y la riqueza. Este argumento del liberalismo económico supone una manera ilusionista de justificar la dinámica del sistema capitalista, pretendiendo que puede crear un nivel de riqueza suficiente para todos. El ilusionismo y el absurdo del planteamiento se ponen abiertamente de manifiesto en cuanto que supone perder de vista los límites materiales ya subrayados, que en este momento ya obligarían a disponer de los recursos naturales de varios planetas para posibilitar tal equiparación en los niveles de vida de las actuales sociedades “avanzadas”. En segundo lugar, supone negar el imprescindible papel que las sociedades y países pobres desempeñan de cara a posibilitar el actual funcionamiento económico del mundo y la propia dinámica intrínseca del liberalismo capitalista, o economía basada en el crecimiento; por ejemplo, actuando como necesarios vertederos de desechos vergonzosamente ocultados al conocimiento público, posibilitando la mano de obra barata -que origina la deslocalización de la producción- para mantener la “adecuada competitividad” de los costes y los precios que nos resultan asequibles a las sociedades ricas, o aportando sus recursos naturales para el uso y aprovechamiento por parte de las empresas y sociedades de otros países.

Pedro Jara Vera.
Profesor de Psicología. Psicoterapeuta e impulsor de regenera.

Atracción por el liderazgo carismático

(Este artículo es un extracto de libro de próxima publicación “El Mundo Necesita Terapia”)

Los humanos mostramos una inclinación por aquellos métodos, comportamientos y consejos de congéneres respetables y de alto rango, los cuales apenas cuestionamos. Esta tendencia aparentemente innata conduce a las personas a adoptar las técnicas y los modelos transmitidos por vía cultural, aunque no entiendan en absoluto sus fundamentos (Grüter, 2013). Aunque este aprendizaje por conformidad e imitación ha aportado indudables ventajas evolutivas a nuestra especie, constituye también una limitación en muchos sentidos. La naturaleza fuertemente emocional del ser humano lo hace propicio para depositar su confianza en el liderazgo carismático, mucho más que en el liderazgo racional basado en la capacidad y conocimiento objetivos. Superar esta limitación implica de nuevo una maduración personal individuo a individuo. El carisma del líder (político, social, religioso o de cualquier tipo) viene dado por aspectos que estimulan la dimensión emocional de las personas (sus deseos e ilusiones, la necesidad profunda de seguridad, las fantasías y reafirmaciones de su ego…),  y ello se asocia, bastante más que al “contenido” objetivo del líder (sus argumentos, sus capacidad, su conocimiento), a sus aspectos formales, los cuales son por completo independientes de la calidad de su contenido (su aspecto físico, el éxito que representa, la calidad formal y emocional de su oratoria, su capacidad para activar resortes emocionales como miedos y esperanzas de los liderados…). En este sentido, el liderazgo carismático tiene más poder sobre las personas en tanto en cuanto estas personas tienen un nivel de madurez más bajo, de libertad mental, equilibrio interior y autoconocimiento más precarios.

Es de todos conocida la tendencia de la población adolescente a seguir de forma ciega a líderes sociales como cantantes, deportistas o actores, ante lo cual, a menudo los adultos nos mostramos jocosos. Pero con una estructura similar, más allá de la adolescencia las personas pueden seguir con igual ceguera a los líderes políticos, económicos, culturales o religiosos. La evolución de la edad en este caso no implica maduración real, puesto que no cambia mucho la estructura del liderazgo dominante, sino sólo el ámbito de la vida al que se refiere. Una vez más, meras reformas que no tocan de forma esencial la estructura.

Incluso las personas más inteligentes y formadas en términos de erudición, por su falta de sabiduría y lucidez pueden seguir ciegamente a este tipo de líderes. La fuerte necesidad de las personas de integrarse en algún grupo, y de reforzar su identidad a través de él, juega poderosamente a favor de este mecanismo (Aronson, Wilson y Arket, 2005). Un ejemplo a menudo comentado y especialmente dramático de todo esto fue el seguimiento masivo que tuvo un gran líder como Hitler (producto y víctima de sus propios complejos y carencias psicológicas personales), incluso por parte de personas supuestamente muy capacitadas e inteligentes. En la retrospectiva del tiempo, casi todos vemos con claridad (incluso muchos de aquellos mismos seguidores) el disparate y la ceguera de aquellas personas que, bajo convicciones profundas, dieron vida al nazismo y sus terribles consecuencias. Aventuro que mucho más adelante, en la retrospectiva del tiempo, casi todas las personas verán con claridad meridiana, como algo obvio, el disparate y la ceguera con que la masa dominante de nuestra sociedad contemporánea conduce sus vidas, fabrica a sus líderes, se deja guiar por ellos, extermina progresivamente su planeta y construye su propia infelicidad. Y siempre bajo convicciones profundas y aparentemente sensatas.

Pedro Jara Vera

Profesor de Psicología. Psicoterapeuta e impulsor de Regenera.

“No soy feliz”

Texto perteneciente al libro “Me arrepiento del Mañana”

Hace un tiempo, monté una consulta psicológica. Cuando vino el primer cliente, no me confesó un trauma infantil, ni me habló de una fobia, ni de obsesiones, ideas suicidas o de síntomas depresivos. Sólo me dijo: No soy feliz.

-¿No es usted feliz? –exclamé con incredulidad – ¿Sólo eso?

-Sí.

Le pregunté si dormía bien, si comía bien, cómo le iba en el trabajo, en la familia, con su mujer, con sus amigos, si tenía ideas persecutorias, compulsiones, alucinaciones acústicas o visuales, ideas delirantes…y él me respondió a todo que no y que no le iba mal en ningún ámbito. Y me volvió a repetir:

-No soy feliz.

-¡Cómo que no es feliz! – estallé.

-¿Tiene dificultades económicas? ¿Trabajo inestable? ¿Incertidumbre de cara al futuro?

-No. Soy funcionario; director general en la administración pública. Tengo una buena casa con piscina en las afueras, pero a 5 minutos del centro de la ciudad. Tengo un buen coche, una buena esposa, hijos modélicos y un perro cariñoso y alegre.

A ver, ¿a qué partido votó usted en las últimas elecciones?

-Al Partido Popular.

-El que gobierna con mayoría absoluta. Está usted de suerte.

-¿Profesa alguna religión?

-Sí. Catolicismo.

-La religión mayoritaria. Está usted de suerte de nuevo. El Papa vino hace poco a la capital. ¿Fue?

-Sí.

-¿Esconde algún pecado grave que le atormente y que quiera confesarme porque le da pudor hacerlo con un sacerdote?

-No. Ningún pecado. Soy un católico ejemplar.

-¿Le gusta el fútbol?

-Por supuesto.

-Está viviendo usted los años dorados de la Roja. Campeones de Europa y Campeones del Mundo.

-Sí.

-¿Qué más quiere?

– …

-¿Es usted del Madrid o del Barça?

-Barça.

-Este año campeón de liga, campeón de la Copa del Rey y de la Copa de Europa. ¿Y no es usted feliz?

-No.

-En enero tiene usted la nochevieja, los reyes magos y las rebajas; en febrero, el carnaval, San Valentín y la primavera de El Corte Inglés; en marzo, el día del Padre; en abril, la Semana Santa, las procesiones y las Fiestas de Primavera; en Mayo, el día del trabajador para dar un agradable paseo por la Gran Vía; en junio, el día de su región y Roland Garros; en julio, los sanfermines, un campeonato de fútbol internacional, otro de baloncesto o los Juegos Olímpicos; en agosto, las vacaciones en la playa; en septiembre, el reencuentro con sus compañeros y la feria; en octubre, el Día de la Hispanidad; en Noviembre, Halloween y en diciembre, el puente de la Constitución, la navidad, Nochebuena, Papá Noel y el día de los Inocentes. El calendario está pensado para que usted no deje de ser feliz en ningún día del año… y me dice usted ¡QUE NO ES FELIZ!

No entendía nada. Cerré la consulta ese mismo día y no volví más.

Por Enrique Rubio Palazón.
Escritor. Autor de las novelas Tengo una Pistola y Tania con i.