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PRESENTACION DE LA SOLAR EN LA PROXIMA KEDADA

 

Como bien sabéis, el sábado 25, tendrá lugar nuestra XII Kedada en el centro de ocio Los Juncos (Molina de Segura), y en la misma tendrá lugar la presentación de LA SOLAR, y dado que su proyecto conecta claramente con nuestra filosofía, os queremos adelantar alguna información.

Se trata de una cooperativa de consumidores y usuarios para la comercialización –y más adelante la producción- de electricidad de origen exclusivamente renovable, que se ha constituido en Murcia con 34 socios y socias fundadoras y aspira a dar servicio no solo en la Región, sino en cualquier punto de España.

Para ello, necesitan captar cooperativistas, que aporten de entrada 100€, y formar parte (ser copropietarios) de la sociedad cooperativa. Con esa aportación, también contratas ya, tu energía con LA SOLAR, siguiendo tu compañía tradicional (por ejemplo, Iberdrola), con la distribución (y a la que no tienes que abonar nada).

En un principio, LA SOLAR operará a través de alguna de las diez cooperativas existentes en España, hasta que adquieran el “músculo financiero” que les permita comprar o producir su propia electricidad de origen renovable.

Esta iniciativa no es nueva para algunas personas asociadas de ReGenera, que ya tienen contratos de suministro eléctrico de origen renovable, a través de SOM ENERGIA, la cooperativa catalana pionera en España.

Desde LA SOLAR, os invitan a que entréis en su web: La Solar

Y pinchando en la pestaña: ¿Tenéis dudas? Encontrarás las preguntas más recurrentes, con sus respuestas.

Contaremos con su presidente: Antonio Ángel Pérez Ballester (socio fundador de ReGenera) y de Antonio Soler (vicepresidente), que nos harán una presentación completa y atenderán nuestras inquietudes.

Puedes llevarte un recibo de tu contrato de electricidad, para saber los datos que debes proporcionar cuando decidas cambiar de tu compañía tradicional, a LA SOLAR.

Leyes naturales y suicidio a fuego lento

Texto original en el blog de Pedro Jara

Cuando algunos colegas de profesión me han preguntado cuál es mi enfoque de la Psicología, a veces comento que mi visión de la Psicología, de la terapia y de la vida, es de tipo naturalista-constructivista. Con ello quiero expresar que fundamentalmente constato la necesidad de respetar las leyes naturales inapelables, que al ser violadas conducen, también de forma inapelable, a todo tipo de sufrimientos. Existe entonces también la necesidad de construir y evolucionar desde ahí, manteniendo en todo caso el respeto esencial a esos principios. Podemos construir y crear, pero ello debería estar siempre en el marco del respeto a las leyes básicas de la naturaleza. Esto no significa en absoluto abogar por la vuelta a las cavernas, sino una evolución y un artificio enmarcado y constreñido dentro del respeto a esas leyes. Leyes sencillas de enunciar, pero difíciles de observar en todo momento.

La mera contemplación y el esfuerzo por comprender a la naturaleza han sido siempre mi mayor fuente de aprendizaje. En mis dos libros dirigidos al gran público queda patente esta visión, y en Adicción al Pensamiento formulo de modo explícito, desde el inicio, las tres leyes esenciales que guían, fundamentan y desde las cuales se construye todo el texto: causalidad, equilibrio y adaptación. Por ello mi visión es también profundamente sistémica, porque la naturaleza, la realidad, lo es.

Así que, cuando surgen las dudas, vuelvo a preguntarle a la naturaleza. Además de las tres leyes generales reseñadas existe una ley que alude a cómo todo organismo o entidad material se transforma y crece siempre de forma limitada, hasta un punto de degeneración y muerte; y todo proceso natural sigue así una cadena cíclica, circular, a modo de circuito cerrado. Una transformación y una evolución, de nacimiento y muerte constantes, que transforma pero preserva la energía existente, con la única fuente externa de la energía del Sol. Por ello no hay nada en la naturaleza que no sea reutilizable.

La naturaleza practica una economía circular, una economía estacionaria, sin crecimiento, de circuito cerrado, donde la energía siempre está disponible para seguir alimentando el ciclo. Todo cambia constantemente, y a la vez todo está siempre ahí. La naturaleza practica una economía ecológica, como no podría ser de otro modo. En línea con ello, ninguna especie animal, salvo la especie humana, se muestra ambiciosa. Todos los seres luchan por satisfacer sus necesidades, pero ninguno lo hace de manera abusiva. Toman lo que necesitan y después se detienen, y descansan, y juegan, y aman.

El ser humano es la única especie abusiva e incansablemente ambiciosa sobre la Tierra. Sólo la especie humana vive y evoluciona violando las leyes naturales básicas, y una manera manifiesta en que lo hace es fundamentando su economía en un sistema de crecimiento y de consumo ilimitado, perpetuo, acumulando deshechos sin retorno, progresando sobre energías caducas, rompiendo los ciclos de reabastecimiento... Ésta es la condición definitoria esencial del liberalismo capitalista que nos rige y al que todos respondemos, que se apropia de expresiones como “desarrollo sostenible” vaciándolas de contenido y maquillando su maquinaria. Un sistema propio de nuestra condición ambiciosa y abusiva. Con independencia de los importantes matices que la derecha o la izquierda políticas le quieran dar a ese sistema, ambas lo apoyan o, como mínimo, no lo cuestionan de manera abierta y decidida. Y aquí está, dicho sin ambages, la profunda estupidez y ceguera en la que nos movemos propia de estas tendencias. Más allá del famoso y políticamente correcto alegato a que todas las opiniones son respetables, no hay nada respetable ni defendible en un planteamiento vital suicida, ignorante, que no responde a una opinión lícita sino a un mero desconocimiento básico de las reglas que la naturaleza nos impone.

Es preciso decirlo con claridad. Puede resultar muy difícil asumir que tanta inteligencia sobre la Tierra construya y siga modos de vida profundamente absurdos, estúpidos y peligrosos. Pero tal cosa es perfectamente compatible, y así es como ocurre. La inteligencia y la estupidez no son cosas opuestas, sino los ingredientes complementarios de un cóctel fatídico: la inteligente y refinada construcción de un desastre. Algo así como el desarrollo de una gran inteligencia militar, como la construcción y uso de la bomba atómica. Por ello distingo siempre la inteligencia de la sabiduría.

Minimizamos o negamos el gran abismo del cambio climático y el general deterioro ecológico, exprimimos sin posibilidad de regeneración el hábitat que nos alimenta, y destruimos sin freno la casa que nos acoge, pretendemos crecer de manera crónica cuando sólo el cáncer hace tal cosa… Hablar de la necesidad imperiosa de una economía ecológica, de una ecología política y de una economía estacionaria, sin crecimiento, se convierte en algo minoritario, arrinconado, incluso “tocanarices” para los grandes debates que mayoritariamente –y absurdamente- nos ocupan, distraen y entretienen. Y así, de distracción en distracción, de entretenimiento en entretenimiento, de urgencia en urgencia y de opinión en opinión, seguimos olvidando lo importante, lo inescapable, lo inopinable.

No se trata de que pagaremos las consecuencias, como si fuera una afirmación radical y apocalíptica que nunca llega, sino de ser capaces de apreciar que ya las estamos pagando. Está ocurriendo ya. Porque todo ello está detrás de tanta injusticia y desequilibrio, de tanta enfermedad, de tanto conflicto, de tanta hambruna, de tanto desastre… Entretanto, absurdamente se pretende situar la causa de todo ello en cuestiones tan puntuales y laterales a las causas de base como pueden ser unas crisis financieras, unas determinadas decisiones políticas o unos liderazgos corruptos. Ya estamos pagando las consecuencias, aunque se quieran disfrazar y vender de otra cosa, y cada vez las pagaremos de manera más dramática y generalizada.

Pero como no hay más ciego que quien no quiere ver, ni comodidad más atractiva que la de mantener el estado suficiente de las cosas y los modos de vida establecidos, ni resistencia más acérrima que la de quienes tienen que encajar en sus estrechas mentes la insoslayable realidad, sólo nos queda trabajar por intentar abrir esas mentes y generar la comprensión necesaria que nos conduzca al respeto a las leyes que nos gobiernan. Que nos gobiernan lo queramos o no.

También lo diré sin ambages: no soy precisamente optimista al respecto. Los cambios radicales sólo se dan ante necesidades y tensiones radicales. Así que, salvo ingenuidad, no podemos hacer nuestra modesta aportación desde una gran esperanza, y sólo podemos recurrir de manera sólida a la coherencia. La esperanza en un proceso siempre frágil y depende de demasiadas cosas, pero la coherencia es plenamente una decisión personal, autodependiente y más inquebrantable. Así que ejercer la mayor coherencia posible hacia la movilización de los cambios necesarios es una cuestión de integridad, de atención al proceso, y de construir con los ladrillos de nuestro mejor ejemplo posible.

Pedro Jara

Imagen portada: Rafael Gershon Glückstern

ReGenera edita El Mundo Necesita Terapia

“Si el mundo fuera un solo gran organismo con voz, sentado ante la mesa del psicoterapeuta, expresaría sin duda una gran cantidad de lamentos y síntomas de enfermedad”. En este ensayo, Pedro Jara Vera, socio fundador y actual impulsor de ReGenera, y autor así mismo del libro Adicción al Pensamiento, examina a la humanidad global como un gran y complejo paciente, realizando un análisis fundamentalmente psicológico y sistémico acerca de la enfermedad multivariada que aflige al mundo.

Más allá de apriorismos de tipo ideológico, sino más bien tomando como base el estado de los conocimientos científicos y la experiencia probada en la resolución efectiva de los problemas humanos, el libro recorre distintos tipos de evidencias fácticas, hechos psicológicos y causas de distinta índole que explican en qué y por qué el mundo necesita terapia. Todo lo anterior nos permite apuntar lógicas orientaciones derivadas del conocimiento accesible, en forma de un auténtico “paquete terapéutico”, para sanear nuestra existencia sobre el planeta.

En coherencia con el contenido y propósito de la obra, el libro ha sido cedido gratuitamente a ReGenera para su edición y distribución, libre y a precio de coste, de tal manera que las aportaciones voluntarias que los lectores deseen realizar por la descarga de la obra vayan a los fondos de la asociación y contribuyan a poner en marcha su proyecto central de la Escuela de Vida.

CONFERENCIA PRESENTACIÓN DEL LIBRO: EL MUNDO NECESITA TERAPIA
Por Pedro Jara Vera

Edición de “ReGenera Consciencia de Cambio”

Lugar: Salón de actos del edificio de la Delegación del Gobierno. Avda. Alfonso X, nº 6 MURCIA.

Fecha: Viernes 20 de Diciembre, a las 19.30 hs.

A partir de esta fecha el libro, un ensayo psicológico sobre “la enfermedad del mundo”, podrá ser descargado en PDF a través de la web de ReGenera (www.regeneraconsciencia.org). La descarga será gratuita, aunque se agradecerá cualquier aportación voluntaria que se desee realizar para los fines de la asociación; cada persona puede considerar el valor y coste que en tal sentido supone el desarrollo y difusión de la obra. La versión impresa del libro podrá solicitarse contra-reembolso por su precio de coste (5 euros + gastos de envío) a la dirección de correo electrónico pedro.jara@regeneraconsciencia.org, o también a través de las librerías de Diego Marín, en Murcia.

El mundo necesita terapia

“Hay que trabajar menos horas para trabajar todos”

Artículo original de Joseba Elola, publicado en El País

Corría el año 2001 cuando al economista Serge Latouche le tocó moderar un debate organizado por la Unesco. En la mesa, a su izquierda, recuerda, estaba sentado el activista antiglobalización José Bové; y más allá, el pensador austriaco Ivan Illich. Por aquel entonces, Latouche ya había podido comprobar sobre el terreno, en el continente africano, los efectos que la occidentalización producía sobre el llamado Tercer Mundo.

Lo que estaba de moda en aquellos años era hablar de desarrollo sostenible. Pero para los que disentían de este concepto, lo que conseguía el desarrollo era de todo menos sostenibilidad.

Fue en ese coloquio cuando empezó a tomar vuelo la teoría del decrecimiento, concepto que un grupo de mentes con inquietudes ecológicas rescataron del título de una colección de ensayos del matemático rumano Nicholas Georgescu-Roegen.

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Se escogió la palabra decrecimiento para provocar. Para despertar conciencias. “Había que salir de la religión del crecimiento”, evoca el profesor Latouche en su estudio parisiense, ubicado cerca del mítico Boulevard Saint Germain. “En un mundo dominado por los medios”, explica, “no se puede uno limitar a construir una teoría sólida, seria y racional; hay que tener un eslogan, hay que lanzar una teoría como se lanza un nuevo lavavajillas”.

Así nació esta línea de pensamiento, de la que este profesor emérito de la Universidad París-Sur es uno de los más activos precursores. Un movimiento que se podría encuadrar dentro de un cierto tipo de ecosocialismo, y en el que confluyen la crítica ecológica y la crítica de la sociedad de consumo para clamar contra la cultura de usar y tirar, la obsolescencia programada, el crédito sin ton ni son y los atropellos que amenazan el futuro del planeta.

El viejo profesor Latouche, nacido en 1940 en la localidad bretona de Vannes, aparece por la esquina del Boulevard Saint Germain con su gorra negra y un bastón de madera para ayudarse a caminar. Hace calor.

La cita es en un café, pero unos ruidosos turistas norteamericanos propician que nos lleve a su estudio de trabajo, un espacio minúsculo en el que caben, apelotonadas, su silla, su mesa de trabajo, una butaca y montañas de libros, que son los auténticos dueños de este lugar luminoso y muy silencioso.

Pregunta. Estamos inmersos en plena crisis, ¿hacia dónde cree usted que se dirige el mundo?

Respuesta. La crisis que estamos viviendo actualmente se viene a sumar a muchas otras, y todas se mezclan. Ya no se trata solo de una crisis económica y financiera, sino que es una crisis ecológica, social, cultural… o sea, una crisis de civilización. Algunos hablan de crisis antropológica…

P. ¿Es una crisis del capitalismo?

R. Sí, bueno, el capitalismo siempre ha estado en crisis. Es un sistema cuyo equilibrio es como el del ciclista, que nunca puede dejar de pelear porque si no se cae al suelo. El capitalismo siempre debe estar en crecimiento, si no es la catástrofe. Desde hace treinta años no hay crecimiento, desde la primera crisis del petróleo; desde entonces hemos pedaleado en el vacío. No ha habido un crecimiento real, sino un crecimiento de la especulación inmobiliaria, bursátil. Y ahora ese crecimiento también está en crisis.

Latouche aboga por una sociedad que produzca menos y consuma menos. Sostiene que es la única manera de frenar el deterioro del medioambiente, que amenaza seriamente el futuro de la humanidad. “Es necesaria una revolución. Pero eso no quiere decir que haya que masacrar y colgar a gente. Hace falta un cambio radical de orientación”. En su último libro, La sociedad de la abundancia frugal, editado por Icaria, explica que hay que aspirar a una mejor calidad de vida y no a un crecimiento ilimitado del producto interior bruto. No se trata de abogar por el crecimiento negativo, sino por un reordenamiento de prioridades. La apuesta por el decrecimiento es la apuesta por la salida de la sociedad de consumo.

P. ¿Y cómo sería un Estado que apostase por el decrecimiento?

R. El decrecimiento no es una alternativa, sino una matriz de alternativas. No es un programa. Y sería muy distinto cómo construir la sociedad en Texas o en Chiapas.

P. Pero usted explica en su libro algunas medidas concretas, como los impuestos sobre los consumos excesivos o la limitación de los créditos que se conceden. También dice que hay que trabajar menos, ¿hay que trabajar menos?

R. Hay que trabajar menos para ganar más, porque cuanto más se trabaja, menos se gana. Es la ley del mercado. Si trabajas más, incrementas la oferta de trabajo, y como la demanda no aumenta, los salarios bajan. Cuanto más se trabaja más se hace descender los salarios. Hay que trabajar menos horas para que trabajemos todos, pero, sobre todo, trabajar menos para vivir mejor. Esto es más importante y más subversivo. Nos hemos convertido en enfermos, toxicodependientes del trabajo. ¿Y qué hace la gente cuando le reducen el tiempo de trabajo? Ver la tele. La tele es el veneno por excelencia, el vehículo para la colonización del imaginario.

P. ¿Trabajar menos ayudaría a reducir el paro?

R. Por supuesto. Hay que reducir los horarios de trabajo y hay que relocalizar. Es preciso hacer una reconversión ecológica de la agricultura, por ejemplo. Hay que pasar de la agricultura productivista a la agricultura ecológica campesina.

P. Le dirán que eso significaría una vuelta atrás en la Historia…

R. Para nada. Y en cualquier caso, no tendría por qué ser obligatoriamente malo. No es una vuelta atrás, ya hay gente que hace permacultura y eso no tiene nada que ver con cómo era la agricultura antaño. Este tipo de agricultura requiere de mucha mano de obra, y justamente de eso se trata, de encontrar empleos para la gente. Hay que comer mejor, consumir productos sanos y respetar los ciclos naturales. Para todo ello es preciso un cambio de mentalidad. Si se consiguen los apoyos suficientes, se podrán tomar medidas concretas para provocar un cambio.

P. Dice usted que la teoría del decrecimiento no es tecnófoba, pero a la vez propone una moratoria de las innovaciones tecnológicas. ¿Cómo casa eso?

R. Esto ha sido mal entendido. Queremos una moratoria, una reevaluación para ver con qué innovaciones hay que proseguir y qué otras no tienen gran interés. Hoy en día se abandonan importantísimas líneas de investigación, como las de la biología del suelo, porque no tienen una salida económica. Hay que elegir. ¿Y quién elige?: las empresas multinacionales.

Latouche considera que las democracias, en la actualidad, están amenazadas por el poder de los mercados. “Ya no tenemos democracia”, proclama. Y evoca la teoría del politólogo británico Colin Crouch, que sostiene que nos hallamos en una fase de posdemocracia. Hubo una predemocracia, en la lucha contra el feudalismo y el absolutismo; una democracia máxima, como la que hemos conocido tras la Segunda Guerra Mundial, con el apogeo del Estado social; y ahora hemos llegado a la posdemocracia. “Estamos dominados por una oligarquía económica y financiera que tiene a su servicio a toda una serie de funcionarios que son los jefes de Estado de los países”. Y sostiene que la prueba más obvia está en lo que Europa ha hecho con Grecia, sometiéndola a estrictos programas de austeridad. “Yo soy europeísta convencido, había que construir una Europa, pero no así. Tendríamos que haber construido una Europa cultural y política primero, y al final, tal vez, un par de siglos más tarde, adoptar una moneda única”. Latouche sostiene que Grecia debería declararse en suspensión de pagos, como hacen las empresas. “En España, su rey Carlos V quebró dos veces y el país no murió, al contrario. Argentina lo hizo tras el hundimiento del peso. El presidente de Islandia, y esto no se ha contado suficientemente, dijo el año pasado en Davos que la solución a la crisis es fácil: se anula la deuda y luego la recuperación viene muy rápido”.

P. ¿Y esa sería también una solución para otros países como España?

R. Es la solución para todos, y se acabará haciendo, no hay otra. Se hace como que se intenta pagar la deuda, con lo que se aplasta a las poblaciones, y se dice que de este modo se liberan excedentes que permiten devolver la deuda, pero en realidad se entra en un círculo infernal en el que cada vez hay que liberar más excedentes. La oligarquía financiera intenta prologar su vida el máximo tiempo posible, es fácil de comprender, pero es en detrimento del pueblo.

¿Una voz alternativa que debería ser escuchada? Recomienda la línea de pensamiento de Ivan Illich, humanista y pensador austriaco. “Es un hombre que, en un nivel muy profundo, pone de manifiesto las aberraciones del sistema en el que vivimos.

¿Una idea o medida concreta para un mundo mejor? Argumenta que sus ideas y medidas concretas “están todas unidas las unas a las otras”, por lo que no quiere escoger una. A lo largo de la entrevista desliza varias; una de ellas: trabajar menos para trabajar todos.

¿Un libro? Prosperidad sin crecimiento. Economía para un planeta finito (editado en España por Icaria Editorial), de Tim Jackson. “Es muy próximo a mis ideas sobre el decrecimiento”.

¿Una cita? Se remite a Keneth Boulding, uno de los pocos economistas, dice, que comprendieron el problema ecológico, que dijo: “El que crea que un crecimiento exponencial es compatible con un planeta finito es un loco o un economista”.

Serge Latouche es profesor emérito de la Universidad París-Sur y precursor de la teoría del decrecimiento.