Opinión, conocimiento y actitud

En cada medio de comunicación, en cada conversación, en cada blog, a cada momento… escuchamos, leemos y emitimos opiniones de todo tipo, sobre toda clase de temas. ¿Cuál es la manera de mejorar el mundo? ¿Cuál es la medida de lo mejor? Cada época cultural, cada modelo de civilización representa el dominio de un determinado abanico de opiniones. Unas priman, otras buscan su lugar, mientras otras nacen al mundo. Pero ninguna opinión, ninguna ideología o estructura de pensamiento está dotada de la capacidad de crear un cambio verdaderamente cimentado y orientado hacia la felicidad de las personas. Toda tesis tiene su antítesis, toda opinión tendrá siempre su contra opinión, y toda ideología tendrá alternativas conceptualmente válidas y respetables. ¿Por qué debemos pensar que nuestras convicciones son mejores que las convicciones de otras personas? ¡Qué vanidad! Debatir sobre opiniones es absurdo, porque impide el descubrimiento de los hechos y el acceso a las soluciones reales. Sólo el conocimiento puede llegar a ponernos de acuerdo. Y la realidad no se debate, se investiga.

He sostenido en escritos anteriores que las creencias, las de cualquier tipo, vienen a sustituir nuestros vacíos o huecos de conocimiento (1). Necesitamos acceder al conocimiento, necesitamos una actitud de investigar juntos, el valor de mirar los hechos desnudos, el valor de mirar sin prejuicios nuestra propia realidad personal y social. Y toda creencia es un prejuicio.

Los hechos no son opinables, y sólo pueden ser contradichos desde la negación defensiva o desde el desconocimiento, aunque la ignorancia ignorante de sí misma es atrevida y una siempre vehemente opinadora que ya cree conocer. Nada hay más sencillo en la mente humana, ni más cómodo, ni más peligroso, que escapar de la realidad, de los hechos, con las más variadas prácticas del autoengaño. Necesitamos valor para permitir que la constatación de los hechos destroce nuestras creencias y pueda hacer cenizas todo lo falso que hemos creado en nuestra estructura mental y social. Sobre la difícil cuestión de cuál es la naturaleza de esa realidad tenemos respetuosamente que ofrecer, escuchar e investigar. Este blog ha de ser una buena plataforma para ello, y para demostrar que, en realidad, los principios fundacionales de ReGenera no se sostienen en ninguna ideología de cualquier tipo. Algo difícil de comprender. Pero sí serán, a buen seguro, confrontados y pretendidamente descalificados por ideologías e ideólogos.

Ésta es la actitud que en la concepción original de ReGenera hemos querido imprimir: el valor de mirar con ojos limpios y corazones sensibles, el valor de responder a los hechos, de adoptar actitudes y comportamientos visibles acerca de lo que la realidad demanda cuando es observada sin filtros ni estrechez. Menos opiniones y más actitudes, menos autocomplacencia y más compromiso; aunque adoptar una actitud es mucho más trabajoso que defender una opinión…

Pero también requerimos el valor de la humildad, de aceptar que quizá nuestra visión es aún confusa, y que ver la realidad desnuda es una obra de titanes, la humildad de reconocer que la regeneración del mundo empieza con un trabajo de revisión personal, de apreciación de nuestra propia realidad y hechos interiores. Es peligroso caminar antes de limpiar nuestras gafas.

No es casual que una de las señas de identidad de ReGenera, el primer principio de nuestro manifiesto, sea el que es: la transformación personal. Debemos cambiar el mundo sabiendo que cada uno de nosotros es el mundo. Lo grande está en lo pequeño y lo pequeño está en lo grande; arriba es abajo como abajo es arriba; movemos afuera según se mueve dentro. Aquí está la revolución psicológica individual aún pendiente en la historia a la que siempre que tengo ocasión me refiero, aquí está la gran carencia que ha impedido que ninguna revolución de la historia supuestamente benefactora haya dejado de evolucionar hacia una nueva corrupción. Hay un viejo dicho que afirma la importancia de pensar globalmente y actuar localmente, pero esta comprensión sólo puede ser plena cuando se lleva a su plena expresión. Es preciso aprender a mirar el mundo con una atención total y simultánea a sus múltiples elementos e interacciones. En este sentido, nuestra conciencia debe ser lo más global posible. Pero cuando se trata de actuar en coherencia con esa comprensión global, nuestros mayores esfuerzos deben dirigirse de la manera más local posible, sobre la propia e intransferible individualidad.

Debemos dedicarnos a lo menos cómodo pero lo más efectivo, a lo probablemente más desgarrador pero también más asequible. Debemos ir despacio, para poder ir deprisa; debemos trabajar muy cerca de nuestro propio yo, para poder llegar muy lejos.

(1) Jara, P. (2011). Adicción al Pensamiento. Badajoz: Abecedario.

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