XXII Caña ReGenera: Educar emociones en familia.

cana-regenera-22

Los estudios actuales vinculan la inteligencia emocional con un mejor rendimiento escolar, mayor bienestar y ajuste psicológico y mejores relaciones interpersonales. Aprender de nuestras emociones y  enseñarlas a nuestros hijos es la mejor manera de mostrarles un mundo mejor donde la gestión de las mismas es básico.

La familia es la primera escuela para el aprendizaje de estas competencias emocionales y que debe iniciarse desde la infancia. Por ello es importante mostrar nuestras emociones, gestionarlas y hacer partícipes a las personas que nos rodean, en este caso a nuestros hijos.

Todo ello requiere de una esfuerzo, dedicación e incluso ilusión. En esta Caña ReGenera trataremos de iniciarnos en este proceso de gestión de emociones desde nuestro papel de padres.

Para la ocasión, moderará la Caña: Gavi González Ortiz, con formación académica en psicoterapia desde la terapia familiar. Trabaja en el centro de orientación, mediación e intervención SAFAMUR. Coach sistémico. Colaborador de la Fundación Eduard Punset. Facilitador de Escuelas de Padres. Formador de la Universidad de Murcia y la UCAM.

Recuperamos la olvidada tradición de la tertulia en tardes relajadas y reflexivas para debatir, escuchar, opinar y enriquecernos en torno a una cerveza, café o lo que te apetezca. De nuevo en el Café Felicidad (C/ Actor José Crespo, nº 4, en el Barrio del Carmen de Murcia), el próximo Viernes 2 de Diciembre, de 19:00 a 21:00 horas.

La mente conservadora hacia el colapso

La mayor parte de los estados del mundo están, y lo han estado siempre, dominados por políticas de carácter eminentemente conservador, pues incluso los gobiernos que supuestamente siguen planteamientos más progresistas no dejan de hacerlo de manera superficial respecto a los cambios sustanciales que implicarían un cambio de paradigma vital, y por tanto, no dejan de ser una manera suavizada de seguir planteamientos esencialmente conservadores. La psicología humana, una ciencia absolutamente infra-considerada en la resolución de los grandes problemas de la humanidad, hace perfectamente comprensible esta realidad, pues si bien las personas tenemos motivaciones naturales de libertad, de creatividad y de innovación, es un hecho que en la gran mayoría de individuos estas necesidades están relegas y subsumidas a una necesidad aún más básica y poderosa: la necesidad de seguridad, tanto física como psicológica.
La estructura de la mente humana, configurada evolutivamente en torno a una necesidad muy básica y prioritaria de seguridad psicológica, convierte a la emoción de miedo en la fuerza más poderosa que nos mueve, y nos mantiene así anclados a distintos tipos de estrategias para preservar las sensaciones de estabilidad, comodidad, certeza, control e identidad. Ello implica incluso el hecho de que mayoritariamente los movimientos creativos y transformadores se limitan dentro de un marco esencialmente conservador y no sustancialmente transformador, con reformas que contribuyen a preservar el sistema básico, como las reformas de una casa deficiente para evitar reconstruirla desde los cimientos. Los planteamientos usualmente considerados progresistas y transformadores no dejan de ser, en su mayoría, reformistas en este sentido enmarcado en la conservación básica. Es por esto que se dan aparentes paradojas y hechos llamativos como que los planteamientos económicos más liberales suelen ser a su vez los más moralmente conservadores y tradicionalistas, o que el propio liberalismo económico dominante no deje de ser la forma de conservar las estructuras tradicionales de jerarquía y estatus, competitividad y crecimiento sólo limitado por la capacidad tecnológica que mantienen su inercia desde épocas tribales (y por tanto desde mucho antes de los modernos mecanismos y estructuras capitalistas), o que sólo ante situaciones muy críticas y de necesidad límite el ser humano se vuelque de manera decidida por vías de transformación esenciales (cuando la casa ya se cae a pesar de todas las reformas).
Esto ocurre en el ámbito de la política y la economía tanto como en otras distintas facetas de vida del ser humano (por ejemplo, cambio de unas visiones religiosas a otras más modernas, suavizadas y pseudopsicologizadas, pero que mantienen la esencia de una mentalidad religiosa y especulativa), explicando de manera fundamental los múltiples tipos de autoengaños, negaciones, racionalizaciones, cortoplacismos e ilusionismos (sesgos en el conocimiento, en definitiva), y la elevada benevolencia con las estructuras y sistemas previamente establecidos que de manera constante se dan tanto a nivel individual como social. Estas tendencias en la naturaleza de la mente humana exasperan a menudo a quienes han llegado a constatar como evidente la necesidad de cambios profundos y hasta radicales en muchos aspectos de nuestros sistemas de vida, no sólo para que otras importantes necesidades humanas no queden tan multitudinariamente relegadas y frustradas (libertad y autonomía, realización auténtica de los talentos individuales, afectividad, equidad, apoyo social, contacto con la naturaleza …) sino también para que, incluso por ese mismo desequilibrio sistémico, la anhelada seguridad, estabilidad y control no queden completamente quebrados por el colapso del sistema global, es decir, el colapso de nuestro ecosistema tanto interno como externo, de recursos y necesidades del ser humano y de su biosfera (alteración profunda de los ecosistemas, cambio climático, agotamiento de recursos energéticos, hídricos…). Cualquier desequilibrio excesivo entre las partes de un sistema, ya sea mental, biológico, social, medioambiental… lleva al colapso del sistema total. Y muchos síntomas denotan ya la profundización en ese colapso que ocurre de manera progresiva y no inmediata.
Pero la alternativa deseable a una mente excesivamente dominada por la necesidad de seguridad, la alternativa a una mente descompensadamente conservadora, no puede ser por tanto la pretensión de un giro evolutivo hacia una mente radicalmente progresista, que ponga con el mismo error de desequilibrio los elementos de cambio por encima del cuidado a la seguridad y el control. La alternativa es un giro evolutivo hacia una mente esforzada por ajustarse al conocimiento, por superar sus propias vulnerabilidades al autoengaño y por aumentar ampliamente su marco de conciencia sistémica, tanto en el espacio como en el tiempo sobre los que actúa. Pues un dictado crucial del conocimiento es que la realidad funciona de manera sistémica. En tal sentido, el conocimiento dicta que es preciso desarrollar y actualizar nuestra seguridad, y asegurar nuestro desarrollo, para que tanto una cosa como la otra no colapsen en la ruptura del equilibrio sistémico. Sólo los planteamientos vinculados a una economía ecológica y a una ecología política contemplan esta realidad y responden a un conocimiento no fragmentado, ofreciendo direcciones esencialmente transformadoras desde la base paradigmática para garantizar nuestra seguridad mayoritaria y duradera, verdaderamente sostenible.
El creciente, grave y cada vez menos reversible deterioro de nuestros ecosistemas, de la biosfera que envuelve nuestra vida, es la manifestación más clara de la profundización en ese colapso por ruptura de todos nuestros equilibrios que la mente excesivamente conservadora sigue necesitando obviar para mantener su inercia. Por inalcanzable o hasta imposible que parezca no se vislumbra más solución, por tanto, que una profunda reeducación mayoritaria para reorientar la evolución de nuestra conciencia, de nuestro aparato psíquico, hacia un paradigma de funcionamiento diferente (basado en una conciencia sistémica, integradora, naturalista, científica)… o bien el cambio doloroso, traumático y siempre muy insuficiente ante el creciente e insoportable colapso manifiesto que nos empuje a regañadientes a dar un gran salto paliativo.
Seguimos debatiendo sobre ideologías más o menos pertinentes para la solución de los problemas de la humanidad, pero el primer paso en esa solución es asumir que la esencia de ésta no puede pasar por ninguna ideología, no al menos en lo que se refiere a los elementos centrales de la transformación, a sus principios o valores rectores. Sólo el conocimiento más ajustado posible a los hechos y a sus lógicas implicaciones puede ser una guía sensata, y en tal sentido existe una ética del conocimiento que trasciende las creencias y relativismos filosóficos, y que dicta grandes principios de transformación inapelables para el bienestar humano mayoritario y duradero. El debate y las opiniones caben en cuanto a las estrategias específicas más o menos apropiadas para servir a esos valores, pero no en cuanto a los grandes valores en sí, pues éstos vienen determinados por aquello que a tenor de las leyes de la realidad es preceptivo cuidar para la felicidad humana. No se trata por tanto de que todas las ideas y opiniones sean respetables, sino de entender que debemos trascender todas las ideas y opiniones; no se trata de establecer discusiones y luchas viscerales entre unas y otras visiones, sino del esfuerzo constante, templado y firme por informar y conocer. El adversario del conocimiento no es otra ideología diferente, sino la mera ignorancia, la desinformación y el desconocimiento, que acaban siempre atentando contra sí mismos. Aquí está el gran salto evolutivo en nuestra conciencia, y el cambio paradigmático en nuestros modos de vida.

Pedro Jara Vera
Socio impulsor de ReGenera
Psicoterapeuta. Profesor de Psicología en la Universidad de Murcia.
Autor de Adicción al Pensamiento AR (2016) y El Mundo Necesita Terapia (2013), editados por ReGenera Consciencia de Cambio.

Leyes naturales y suicidio a fuego lento

Texto original en el blog de Pedro Jara

Cuando algunos colegas de profesión me han preguntado cuál es mi enfoque de la Psicología, a veces comento que mi visión de la Psicología, de la terapia y de la vida, es de tipo naturalista-constructivista. Con ello quiero expresar que fundamentalmente constato la necesidad de respetar las leyes naturales inapelables, que al ser violadas conducen, también de forma inapelable, a todo tipo de sufrimientos. Existe entonces también la necesidad de construir y evolucionar desde ahí, manteniendo en todo caso el respeto esencial a esos principios. Podemos construir y crear, pero ello debería estar siempre en el marco del respeto a las leyes básicas de la naturaleza. Esto no significa en absoluto abogar por la vuelta a las cavernas, sino una evolución y un artificio enmarcado y constreñido dentro del respeto a esas leyes. Leyes sencillas de enunciar, pero difíciles de observar en todo momento.

La mera contemplación y el esfuerzo por comprender a la naturaleza han sido siempre mi mayor fuente de aprendizaje. En mis dos libros dirigidos al gran público queda patente esta visión, y en Adicción al Pensamiento formulo de modo explícito, desde el inicio, las tres leyes esenciales que guían, fundamentan y desde las cuales se construye todo el texto: causalidad, equilibrio y adaptación. Por ello mi visión es también profundamente sistémica, porque la naturaleza, la realidad, lo es.

Así que, cuando surgen las dudas, vuelvo a preguntarle a la naturaleza. Además de las tres leyes generales reseñadas existe una ley que alude a cómo todo organismo o entidad material se transforma y crece siempre de forma limitada, hasta un punto de degeneración y muerte; y todo proceso natural sigue así una cadena cíclica, circular, a modo de circuito cerrado. Una transformación y una evolución, de nacimiento y muerte constantes, que transforma pero preserva la energía existente, con la única fuente externa de la energía del Sol. Por ello no hay nada en la naturaleza que no sea reutilizable.

La naturaleza practica una economía circular, una economía estacionaria, sin crecimiento, de circuito cerrado, donde la energía siempre está disponible para seguir alimentando el ciclo. Todo cambia constantemente, y a la vez todo está siempre ahí. La naturaleza practica una economía ecológica, como no podría ser de otro modo. En línea con ello, ninguna especie animal, salvo la especie humana, se muestra ambiciosa. Todos los seres luchan por satisfacer sus necesidades, pero ninguno lo hace de manera abusiva. Toman lo que necesitan y después se detienen, y descansan, y juegan, y aman.

El ser humano es la única especie abusiva e incansablemente ambiciosa sobre la Tierra. Sólo la especie humana vive y evoluciona violando las leyes naturales básicas, y una manera manifiesta en que lo hace es fundamentando su economía en un sistema de crecimiento y de consumo ilimitado, perpetuo, acumulando deshechos sin retorno, progresando sobre energías caducas, rompiendo los ciclos de reabastecimiento... Ésta es la condición definitoria esencial del liberalismo capitalista que nos rige y al que todos respondemos, que se apropia de expresiones como “desarrollo sostenible” vaciándolas de contenido y maquillando su maquinaria. Un sistema propio de nuestra condición ambiciosa y abusiva. Con independencia de los importantes matices que la derecha o la izquierda políticas le quieran dar a ese sistema, ambas lo apoyan o, como mínimo, no lo cuestionan de manera abierta y decidida. Y aquí está, dicho sin ambages, la profunda estupidez y ceguera en la que nos movemos propia de estas tendencias. Más allá del famoso y políticamente correcto alegato a que todas las opiniones son respetables, no hay nada respetable ni defendible en un planteamiento vital suicida, ignorante, que no responde a una opinión lícita sino a un mero desconocimiento básico de las reglas que la naturaleza nos impone.

Es preciso decirlo con claridad. Puede resultar muy difícil asumir que tanta inteligencia sobre la Tierra construya y siga modos de vida profundamente absurdos, estúpidos y peligrosos. Pero tal cosa es perfectamente compatible, y así es como ocurre. La inteligencia y la estupidez no son cosas opuestas, sino los ingredientes complementarios de un cóctel fatídico: la inteligente y refinada construcción de un desastre. Algo así como el desarrollo de una gran inteligencia militar, como la construcción y uso de la bomba atómica. Por ello distingo siempre la inteligencia de la sabiduría.

Minimizamos o negamos el gran abismo del cambio climático y el general deterioro ecológico, exprimimos sin posibilidad de regeneración el hábitat que nos alimenta, y destruimos sin freno la casa que nos acoge, pretendemos crecer de manera crónica cuando sólo el cáncer hace tal cosa… Hablar de la necesidad imperiosa de una economía ecológica, de una ecología política y de una economía estacionaria, sin crecimiento, se convierte en algo minoritario, arrinconado, incluso “tocanarices” para los grandes debates que mayoritariamente –y absurdamente- nos ocupan, distraen y entretienen. Y así, de distracción en distracción, de entretenimiento en entretenimiento, de urgencia en urgencia y de opinión en opinión, seguimos olvidando lo importante, lo inescapable, lo inopinable.

No se trata de que pagaremos las consecuencias, como si fuera una afirmación radical y apocalíptica que nunca llega, sino de ser capaces de apreciar que ya las estamos pagando. Está ocurriendo ya. Porque todo ello está detrás de tanta injusticia y desequilibrio, de tanta enfermedad, de tanto conflicto, de tanta hambruna, de tanto desastre… Entretanto, absurdamente se pretende situar la causa de todo ello en cuestiones tan puntuales y laterales a las causas de base como pueden ser unas crisis financieras, unas determinadas decisiones políticas o unos liderazgos corruptos. Ya estamos pagando las consecuencias, aunque se quieran disfrazar y vender de otra cosa, y cada vez las pagaremos de manera más dramática y generalizada.

Pero como no hay más ciego que quien no quiere ver, ni comodidad más atractiva que la de mantener el estado suficiente de las cosas y los modos de vida establecidos, ni resistencia más acérrima que la de quienes tienen que encajar en sus estrechas mentes la insoslayable realidad, sólo nos queda trabajar por intentar abrir esas mentes y generar la comprensión necesaria que nos conduzca al respeto a las leyes que nos gobiernan. Que nos gobiernan lo queramos o no.

También lo diré sin ambages: no soy precisamente optimista al respecto. Los cambios radicales sólo se dan ante necesidades y tensiones radicales. Así que, salvo ingenuidad, no podemos hacer nuestra modesta aportación desde una gran esperanza, y sólo podemos recurrir de manera sólida a la coherencia. La esperanza en un proceso siempre frágil y depende de demasiadas cosas, pero la coherencia es plenamente una decisión personal, autodependiente y más inquebrantable. Así que ejercer la mayor coherencia posible hacia la movilización de los cambios necesarios es una cuestión de integridad, de atención al proceso, y de construir con los ladrillos de nuestro mejor ejemplo posible.

Pedro Jara

Imagen portada: Rafael Gershon Glückstern

El liderazgo de un grupo, un ejercicio compartido

Cualquier organización de personas (sea una ONG, una empresa social, una asociación, una empresa capitalista, etc.) necesita de líderes o personas que le ayuden a desarrollarse hacia la consecución de sus objetivos y hacia la evolución de su misión.

Para aprender a liderar nos preguntamos qué es ser un buen líder. ¿Cuál es la imagen que tenemos de un líder? Siempre que pensamos en ello, imaginamos a alguien que guía y protege a sus seguidores, pero esta es una imagen de otros tiempos. Lo que hemos de analizar en realidad es ¿qué significa liderar?, ¿con que relacionamos el liderazgo? El liderazgo es un ejercicio que implica tres dimensiones: crear una visión, integrar a las personas en torno a ella y conseguir que se ejecuten las acciones para conseguirla.

Este ejercicio no es simple de hacer por una sola persona, por lo que ha de ser compartido y participado por varias. Para reforzar esta idea es importante analizar cómo se han ejercido los grandes liderazgos que nos han dejado de verdad una evolución cultural. ¿Cómo se ejecuta el liderazgo?

En el taller programado para los días 8 y 9 de mayo y dirigido por nuestro compañero Pepe Valcárcel, que trabaja más de 25 años con empresas y organizaciones en este tema, profundizaremos en las dotes y habilidades que se necesitan desarrollar para el ejercicio de estas tres dimensiones, la de crear una visión desafiadora, la de cómo integrar a los demás e influir en sus valores, y la de dirigir la ejecución de las acciones para conseguir el desafío.

El taller tiene un coste de 50 € exentos de IVA para socios de Regenera, y 60 € + 21% de IVA (72,60 €) para los no socios. Hay un número limitado de plazas por la metodología participativa del taller.

Se realizará en la sede de CULTUROCIO en la C/ Santísimo (junto a la iglesia de Santiago el Mayor), 30012 Murcia. Puedes inscribirte pinchando en este cuestionario, a través de un correo a escuela@regeneraconsciencia.org o a través de una llamada al teléfono 633 52 57 95.

Cartel Liderazgo Participativo

Balance 2014. Necesitamos tu apoyo

Estamos contentos por todo lo realizado este año (mira la entrada en este blog. “Un año cargado de actividad”) y que nos permitió conocer y compartir con personas que nos provocaron, abrieron la mente y nos plantearon otros escenarios. De eso se trata. Para lo convencional ya están otros foros muy respetables.

Pero sobre todo satisfechos con nuestro propio cambio personal; de estar en el camino; comprendiendo, escuchando, enfadándonos, desmotivándonos, y juntos, con pasos adelante y atrás. Y volviendo a juntarnos, pidiendo perdón y volviendo a faltar. Pero haciendo. Este es el camino más difícil y atrevido.

Tenemos cada vez más claro nuestro cometido. Ser una asociación de servicio, apoyo y asesoramiento a otras del tercer sector y a cualquier empresa u organización que se plantee actuar de una manera ética y colaborativa, con el ser humano como centro y el aprendizaje de la Madre Naturaleza. Y como hacemos cada día, abiertos a cualquier persona de edad, condición, ideología, y origen

Seguimos siendo las mismas personas asociadas (en número) con respecto a 2013 -no llegamos a cien- que pagan sus cuotas pero a las que apenas conocemos personalmente, pero a las que agradecemos mucho su aportación pues nos permiten seguir.

También deciros que este año somos menos personas en activo que nunca tirando del carro, por el pase a una segunda línea de algun@s de nosotr@s por circunstancias personales y profesionales.

Os necesitamos. Apoyos puntuales desde casa, en alguna kedada, a organizar un evento, asistir a alguna reunión el equipo coordinador (las tenéis en el calendario y son de libre asistencia), invitar a otras personas, etc.

Llegaremos donde podamos con los que somos.

Anímate, veras que tú mismo marcas tu colaboración, cuando quieras y como quieras.

 

El equipo coordinador

Antonio Angel Pérez, Pedro Jara, Pepe Valcárcel, Debla Orihuela, Jose Miguel Masiá, María Peñaranda y Rubén López

Ilusionismo

(Este artículo es un extracto de libro de próxima publicación “El Mundo Necesita Terapia”)

El ilusionismo es una tipología de autoengaño que implica la tendencia inconsciente de las personas a fabricar en su mente una información que les permite creer aquello que les resulta momentáneamente agradable, aunque tales visiones y creencias así producidas estén muy desconectadas de la experiencia y acaben, por tanto, golpeándose contra ella. La mencionada creencia cortoplacista de que la pirámide consumista y capitalista no se derrumbará nunca, está vinculada a un pensamiento claramente ilusionista. Esta creencia se apoya a su vez en lo que podríamos considerar un “ilusionismo científico y tecnológico”, esto es, la ilusión de que el desarrollo científico y tecnológico conseguirá ir solventando, de manera satisfactoria, todos los problemas asociados a los límites del planeta en relación con nuestro sistema de vida actual: carencia de alimentos de calidad, exceso de residuos contaminantes, desertificación de tierras, carencia de agua potable, hacinamiento, etc. El ilusionismo de este planteamiento ilustra la diferencia, a menudo poco entendida, entre el pensamiento positivo, optimista y constructivamente transformador, y el pensamiento ingenuo, ilusorio, simplista y destructivo. La fe ciega en el progreso científico para resolver la crisis ecológica es el pilar fundamental de las “sociedades del crecimiento”, y uno de los argumentos centrales del neoliberalismo ante los defensores de la teoría del decrecimiento económico. Sin embargo, es precisamente el neoliberalismo quien está haciendo oídos sordos a la ciencia, y a sus advertencias sobre la necesidad cada vez más imperiosa de reducir las emisiones contaminantes para frenar el cambio climático, o sobre la imposibilidad de hacer inmortal a un modelo de crecimiento material y demográfico perpetuo (Hirsch, 2004; Meadows y cols., 1972).

Otro ejemplo de planteamiento ilusionista asociado directamente a lo anterior es la idea, con frecuencia alardeada, de que un desarrollo económico lo bastante logrado –conservando la esencia de los modelos económicos actuales- puede aspirar a acabar con la pobreza en el mundo, y a equiparar en buena medida a todos los ciudadanos por el límite superior del bienestar y la riqueza. Este argumento del liberalismo económico supone una manera ilusionista de justificar la dinámica del sistema capitalista, pretendiendo que puede crear un nivel de riqueza suficiente para todos. El ilusionismo y el absurdo del planteamiento se ponen abiertamente de manifiesto en cuanto que supone perder de vista los límites materiales ya subrayados, que en este momento ya obligarían a disponer de los recursos naturales de varios planetas para posibilitar tal equiparación en los niveles de vida de las actuales sociedades “avanzadas”. En segundo lugar, supone negar el imprescindible papel que las sociedades y países pobres desempeñan de cara a posibilitar el actual funcionamiento económico del mundo y la propia dinámica intrínseca del liberalismo capitalista, o economía basada en el crecimiento; por ejemplo, actuando como necesarios vertederos de desechos vergonzosamente ocultados al conocimiento público, posibilitando la mano de obra barata -que origina la deslocalización de la producción- para mantener la “adecuada competitividad” de los costes y los precios que nos resultan asequibles a las sociedades ricas, o aportando sus recursos naturales para el uso y aprovechamiento por parte de las empresas y sociedades de otros países.

Pedro Jara Vera.
Profesor de Psicología. Psicoterapeuta e impulsor de regenera.

Atracción por el liderazgo carismático

(Este artículo es un extracto de libro de próxima publicación “El Mundo Necesita Terapia”)

Los humanos mostramos una inclinación por aquellos métodos, comportamientos y consejos de congéneres respetables y de alto rango, los cuales apenas cuestionamos. Esta tendencia aparentemente innata conduce a las personas a adoptar las técnicas y los modelos transmitidos por vía cultural, aunque no entiendan en absoluto sus fundamentos (Grüter, 2013). Aunque este aprendizaje por conformidad e imitación ha aportado indudables ventajas evolutivas a nuestra especie, constituye también una limitación en muchos sentidos. La naturaleza fuertemente emocional del ser humano lo hace propicio para depositar su confianza en el liderazgo carismático, mucho más que en el liderazgo racional basado en la capacidad y conocimiento objetivos. Superar esta limitación implica de nuevo una maduración personal individuo a individuo. El carisma del líder (político, social, religioso o de cualquier tipo) viene dado por aspectos que estimulan la dimensión emocional de las personas (sus deseos e ilusiones, la necesidad profunda de seguridad, las fantasías y reafirmaciones de su ego…),  y ello se asocia, bastante más que al “contenido” objetivo del líder (sus argumentos, sus capacidad, su conocimiento), a sus aspectos formales, los cuales son por completo independientes de la calidad de su contenido (su aspecto físico, el éxito que representa, la calidad formal y emocional de su oratoria, su capacidad para activar resortes emocionales como miedos y esperanzas de los liderados…). En este sentido, el liderazgo carismático tiene más poder sobre las personas en tanto en cuanto estas personas tienen un nivel de madurez más bajo, de libertad mental, equilibrio interior y autoconocimiento más precarios.

Es de todos conocida la tendencia de la población adolescente a seguir de forma ciega a líderes sociales como cantantes, deportistas o actores, ante lo cual, a menudo los adultos nos mostramos jocosos. Pero con una estructura similar, más allá de la adolescencia las personas pueden seguir con igual ceguera a los líderes políticos, económicos, culturales o religiosos. La evolución de la edad en este caso no implica maduración real, puesto que no cambia mucho la estructura del liderazgo dominante, sino sólo el ámbito de la vida al que se refiere. Una vez más, meras reformas que no tocan de forma esencial la estructura.

Incluso las personas más inteligentes y formadas en términos de erudición, por su falta de sabiduría y lucidez pueden seguir ciegamente a este tipo de líderes. La fuerte necesidad de las personas de integrarse en algún grupo, y de reforzar su identidad a través de él, juega poderosamente a favor de este mecanismo (Aronson, Wilson y Arket, 2005). Un ejemplo a menudo comentado y especialmente dramático de todo esto fue el seguimiento masivo que tuvo un gran líder como Hitler (producto y víctima de sus propios complejos y carencias psicológicas personales), incluso por parte de personas supuestamente muy capacitadas e inteligentes. En la retrospectiva del tiempo, casi todos vemos con claridad (incluso muchos de aquellos mismos seguidores) el disparate y la ceguera de aquellas personas que, bajo convicciones profundas, dieron vida al nazismo y sus terribles consecuencias. Aventuro que mucho más adelante, en la retrospectiva del tiempo, casi todas las personas verán con claridad meridiana, como algo obvio, el disparate y la ceguera con que la masa dominante de nuestra sociedad contemporánea conduce sus vidas, fabrica a sus líderes, se deja guiar por ellos, extermina progresivamente su planeta y construye su propia infelicidad. Y siempre bajo convicciones profundas y aparentemente sensatas.

Pedro Jara Vera

Profesor de Psicología. Psicoterapeuta e impulsor de Regenera.

Aprendamos de Brasil

La semana del 17 de junio la pasé en Río de Janeiro trabajando. Algunos de mis amigos dirían que estar en Río es ya una suerte, pero es que además tuve la oportunidad de ver desde la cerca (y escuchar de la boca de los brasileños) el movimiento ciudadano que está poniendo en jaque a las instituciones políticas mal llamadas democráticas.

Llevo ya más de 10 años viajando a este país y en este tiempo he podido empaparme de su historia, tradiciones y cultura. Siendo un pueblo pacífico, todas las transiciones que han tenido las han vivido sin grandes manifestaciones, una cultura que no está muy acostumbrada a revoluciones, y es por eso que sorprende con qué madurez han realizado las últimas protestas: aprendamos de ellos.

[frame src=”http://regeneraconsciencia.org/wp-content/uploads/2013/07/Brasil-manifestacion.jpg” width=”300″ height=”300″ align=”left” linkstyle=”normal”]

Aquí en España soplan aires de resignación que están bajando la motivación de la protesta ciudadana, y creo que hay cinco grandes puntos que nos pueden servir de ejemplo para que no lleguemos a desmotivarnos por la falta de resultados en los objetivos de los movimientos ciudadanos.

La primera cosa que me sorprendió es que no han esperado a sufrir una crisis financiera para actuar. Brasil está en el momento álgido del “desarrollo económico”, preparándose para “grandes eventos mundiales”, con casi pleno empleo, y aunque hay parte de la población que aún tiene necesidades básicas no cubiertas, en este momento de euforia crecentista han decidido que hay que actuar, que el camino que llevan no es el correcto. A pesar de que el desencadenante (la gota que derramó el vaso) fue una subida desmesurada del precio del transporte público, me comentaban los manifestantes que el fondo era más profundo, la sociedad brasileña ha visto la corrupción, la falta de justicia igualitaria, la falta de democracia real, los engaños de los gobernantes, etc.  ¿Por qué esperar a que la situación social se deteriore tanto como en algunos países de Europa? Los momentos de cambio se perciben antes de que las pérdidas nos empiecen a afectar seriamente. Primer aprendizaje: actúa cuando hay posibilidad de mejora, no esperes a que la situación te desborde y que el cambio sea una reacción a una tensión desmesurada, sino ya no será un cambio sino una mala solución de un problema. Hay que ser proactivo.

La segunda cosa es la insistencia y continuidad de la protesta. Cuando llegué el día 16 de junio ya llevaban varios días de protesta, pero continuaron durante toda esa semana, y a día de hoy siguen diariamente con manifestaciones continuadas casi todas las tardes (después del horario de trabajo), en casi todas las grandes ciudades del país, pidiendo un cambio del sistema y no solo acciones puntuales. La insistencia y continuidad es también la clave del éxito en un cambio. El segundo aprendizaje es que a veces empezamos con mucha fuerza, es difícil que en esos primeros momentos se produzcan beneficios duraderos, hay que insistir, hay que continuar con el esfuerzo hasta que el cambio se vea más consolidado. El abandono o la evasión por cansancio es lo que esperan los que no quieren cambiar.

La forma de la protesta es la tercera cosa que me sorprendió, es pacífica  en toda regla, convocadas en lugares distintos de las ciudades. Las fuerzas del orden en muchos casos no sabían cómo actuar, qué hacer, si disolverla o unirse a ella, si reprimirla o dejarla que fluyera.  Sé que las noticias que nos están llegando no son esas,  nos informan de aquellas anécdotas de agresiones vandálicas (asaltos a supermercados, destrozos de bancos y provocación al orden policial), que en verdad son puntuales y que inevitablemente en toda manifestación aparecen como oportunidad de grupos violentos, que siempre son los mismos y que si la Policía no los localiza y los detiene es por intereses políticos casi siempre, para desprestigiar el movimiento ciudadano. El cómo innovaban para mejorar la protesta y para que esta fuese respetada por la mayoría de la sociedad (pues ya comenté que ellos mismos dicen que no tiene experiencia en este tipo de asuntos), es también admirable. Observé en directo como en algunas manifestaciones de Rio de Janeiro, los manifestantes llegaban a sentarse en el suelo para que la Policía identificase fácilmente a estos grupos. También observé como el viernes 21 a la noche, cuando por fin después de casi 15 días de protestas la Presidenta se dignó hablar en la Televisión en horario de máxima audiencia, de la mayoría de hogares del barrio donde me encontraba en ese momento, de manera espontánea surgió una pitada y abucheada general desde los balcones y ventanas mientras ella daba su discurso de calma, entendimiento y vagas promesas. Tercer aprendizaje, la innovación en las formas sirven para adaptar las cosas a las situaciones inesperadas, pero no cambian la esencia en si del fin último.

Un cuarto punto es como no han dejado que el movimiento sea monopolizado por ningún partido político (normalmente los minoritarios), ni sindicatos, ni grupos relacionados con el poder. En realizad nadie supo decirme cuales o cual organización lideraba la protesta, sé que son clase media, estudiantes universitarios y personas que en general tienen que pagar un alto porcentaje de impuestos para no ver un beneficio a la comunidad, y que saben que el dinero que se está obteniendo de la explotación de sus recursos naturales no está sirviendo para el desarrollo del país ni para su futuro.  Hoy he leído que también se unen de manera pacífica y civilizada la clase baja de las “favelas”, protestando por el engaño que han tenido durante estos años de gobierno progresista, que les lleva prometiendo mejoras de infraestructuras, de sanidad y de seguridad social, que nunca han llegado. Penúltimo aprendizaje: ¿Es necesario que alguien lidere la protesta? ¿Podemos unidos en grupos por un mismo objetivo organizarnos y conseguir gestionarnos solos? Yo “acredito que si” como diría un brasileño.

Por último, el quinto aprendizaje es que a pesar de ir consiguiendo resultados a modo de pequeñas concesiones, la protesta no termina hasta que el fin se consiga. Me emocionó ver como el estado cede ante la calle: Lo primero que vi fue cómo el precio de los servicios de transportes moderaban mucho su subida, pero ellos siguieron protestando; después la presidenta prometió una Asamblea Constituyente, o un plebiscito donde el pueblo vote directamente las medidas de la reforma política antes de octubre, pero ellos siguieron protestando; una de las cámaras ha tenido que rechazar una ley casi aprobada ya por todas las demás instituciones que daba inmunidad judicial a muchos puestos públicos; el Tribunal Supremo decretó ayer la prisión inmediata de un diputado corrupto condenado (el primero que entra en prisión), que seguía evadiendo la pena con triquiñuelas judiciales; la cámara de diputados abordó y aprobó ayer una propuesta, que estaba retrasada meses, sobre el destino de los beneficios del petróleo para la educación y la sanidad, y ellos siguen protestando; en definitiva el movimiento ciudadano sigue ganando, y este es el último aprendizaje… sí podemos cambiar, y el pueblo soberano sabe que quiere… solo hay actuar y no parar hasta que se consiga una verdadera democracia participativa.

José Valcárcel Sánchez

El círculo vicioso de la corrupción y las estrategias de salida. Conferencia-debate de Fernando Jimenez Sanchez

Dentro de las actividades de la ESCUELA DE VIDA de REGENERA, el Jueves 30 de mayo, a las 19,30 de la tarde y en el paraninfo de la Facultad de Filosofía y Letras de Murcia, tendrá lugar esta conferencia debate.

Fernando Jiménez Sánchez es profesor titular de ciencia política y de la administración de la Universidad de Murcia.La mayor parte de sus publicaciones e investigación han girado en torno a diversos aspectos de la corrupción política: sus causas y consecuencias; el juego político en torno a los escándalos de corrupción; y el análisis de sus efectos sobre el voto.

He sido evaluador de la Tercera Ronda (financiación de partidos) del Programa GRECO (Grupo de Estados contra la Corrupción) del Consejo de Europa y formo parte de la red de expertos que ha creado recientemente la Comisión Europea (DG de Interior) para analizar los progresos en la lucha contra la corrupción de los 27 estados miembros de la UE. Fui becario posdoctoral Fulbright en la Universidad de California, San Diego en 1999 y colaboro frecuentemente con la ONG  Transparency International.

Agradecemos a Fernando su desinteresada colaboración y os adelantamos que abriremos un foro de debate, en Facebook para ir exponiendo los puntos y preguntas que nos gustaría se abordaran durante la ponencia y en debate posterior.

La entrada es libre hasta completar el aforo. A través de esta Web y de nuestras redes sociales os iremos ampliando esta información.

Nuestro proyecto de Escuela de Vida, se mueve….

 

 

.

De listos y de tontos

Vivimos en una sociedad consumista, donde la información sobre productos, servicios y demás nos bombardean con ofertas, mejoras de vida, estabilidad, satisfacción por tener algo que creemos que necesitamos… y en general todo basado en obtener felicidad a corto plazo y con una filosofía que nos dice que “lo justo no es suficiente”.

Desde mi punto de vista, toda esta filosofía consumista es el producto de un egoísmo humano desarrollado. De alguna manera, unas pocas personas han querido tener más de lo que realmente necesitan, y en muchos casos a costa de lo que sea, siendo este comportamiento admirado y tomado como ejemplar y contaminándonos a todos (es decir, a la sociedad), produciendo una ola de egoísmo en el que solo importa la felicidad individual, hasta tal punto que hemos olvidado que somos una especie, y como tal deberíamos pensar en conjunto y ayudarnos entre nosotros.

Hoy en día todo vale, siempre que no esté tipificado como delito en un código penal, y lo peor es que, como he dicho anteriormente, está bien visto.

Hoy en día si tienes un pequeño accidente con el coche, le sacas le pasta al seguro y te compras un coche nuevo, eres un crack, eres un tío listo; es más, cuando estamos en esta circunstancia, si alguien te dice “eso no está bien”, respondemos con ” seguro que tú habrías hecho lo mismo”. Pero eso sí, luego nos quejamos de que pagamos un disparate de seguro y que, claro, como es obligatorio, se aprovechan y ponen los precios que les da la gana.

Estos son los listos. Por otro lado el consumismo distingue otra especie: los tontos, es decir, los honrados con principios, los que si ven que a una señora se le ha caído un billete de 20 euros, lo recogen y van detrás de ella para devolvérselo.

En resumen, todo esto es una sencilla forma ejemplificada de hablar de lo que está pasando en nuestra sociedad, donde en realidad todos tenemos una parte tanto de listos como de tontos.

Una de las ideas que bajo mi punto de vista comparto con Regenera es que para apartar el consumismo destructivo hemos de empezar por cambiar estos conceptos, donde el listo sea el que sabe ganarse la vida con honradez y honestidad, simplemente aportando cosas útiles a los demás, y donde el tonto sea el que se gana la vida a costa de los demás. Desde mi punto de vista, esto sería un principio básico de una revolución mundial, la revolución de la conciencia.

José Francisco Marín Bañón
Socio de ReGenera