Presentación oficial de la edición revisada y ampliada de Adicción al Pensamiento, de Pedro Jara [VIDEO]

esentó oficialmente en Murcia la versión ampliada y revisada del libro ADICCIÓN AL PENSAMIENTO, del psicólogo y profesor de la Universidad de Murcia Pedro Jara Vera (www.pedrojara.es). El acto, que tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de Murcia (Campus de la Merced), contó con la presencia además de la psicoterapeuta y miembro del Equipo Coordinador de la Asociación ReGenera Consciencia de Cambio Violeta Perán y de la doctora en psicología y experta en educación emocional Ana Peinado. Pedro Jara es socio fundador de ReGenera, especialista en psicología clínica y profesor de la Universidad de Murcia.

Ilusionismo

(Este artículo es un extracto de libro de próxima publicación “El Mundo Necesita Terapia”)

El ilusionismo es una tipología de autoengaño que implica la tendencia inconsciente de las personas a fabricar en su mente una información que les permite creer aquello que les resulta momentáneamente agradable, aunque tales visiones y creencias así producidas estén muy desconectadas de la experiencia y acaben, por tanto, golpeándose contra ella. La mencionada creencia cortoplacista de que la pirámide consumista y capitalista no se derrumbará nunca, está vinculada a un pensamiento claramente ilusionista. Esta creencia se apoya a su vez en lo que podríamos considerar un “ilusionismo científico y tecnológico”, esto es, la ilusión de que el desarrollo científico y tecnológico conseguirá ir solventando, de manera satisfactoria, todos los problemas asociados a los límites del planeta en relación con nuestro sistema de vida actual: carencia de alimentos de calidad, exceso de residuos contaminantes, desertificación de tierras, carencia de agua potable, hacinamiento, etc. El ilusionismo de este planteamiento ilustra la diferencia, a menudo poco entendida, entre el pensamiento positivo, optimista y constructivamente transformador, y el pensamiento ingenuo, ilusorio, simplista y destructivo. La fe ciega en el progreso científico para resolver la crisis ecológica es el pilar fundamental de las “sociedades del crecimiento”, y uno de los argumentos centrales del neoliberalismo ante los defensores de la teoría del decrecimiento económico. Sin embargo, es precisamente el neoliberalismo quien está haciendo oídos sordos a la ciencia, y a sus advertencias sobre la necesidad cada vez más imperiosa de reducir las emisiones contaminantes para frenar el cambio climático, o sobre la imposibilidad de hacer inmortal a un modelo de crecimiento material y demográfico perpetuo (Hirsch, 2004; Meadows y cols., 1972).

Otro ejemplo de planteamiento ilusionista asociado directamente a lo anterior es la idea, con frecuencia alardeada, de que un desarrollo económico lo bastante logrado –conservando la esencia de los modelos económicos actuales- puede aspirar a acabar con la pobreza en el mundo, y a equiparar en buena medida a todos los ciudadanos por el límite superior del bienestar y la riqueza. Este argumento del liberalismo económico supone una manera ilusionista de justificar la dinámica del sistema capitalista, pretendiendo que puede crear un nivel de riqueza suficiente para todos. El ilusionismo y el absurdo del planteamiento se ponen abiertamente de manifiesto en cuanto que supone perder de vista los límites materiales ya subrayados, que en este momento ya obligarían a disponer de los recursos naturales de varios planetas para posibilitar tal equiparación en los niveles de vida de las actuales sociedades “avanzadas”. En segundo lugar, supone negar el imprescindible papel que las sociedades y países pobres desempeñan de cara a posibilitar el actual funcionamiento económico del mundo y la propia dinámica intrínseca del liberalismo capitalista, o economía basada en el crecimiento; por ejemplo, actuando como necesarios vertederos de desechos vergonzosamente ocultados al conocimiento público, posibilitando la mano de obra barata -que origina la deslocalización de la producción- para mantener la “adecuada competitividad” de los costes y los precios que nos resultan asequibles a las sociedades ricas, o aportando sus recursos naturales para el uso y aprovechamiento por parte de las empresas y sociedades de otros países.

Pedro Jara Vera.
Profesor de Psicología. Psicoterapeuta e impulsor de regenera.

Atracción por el liderazgo carismático

(Este artículo es un extracto de libro de próxima publicación “El Mundo Necesita Terapia”)

Los humanos mostramos una inclinación por aquellos métodos, comportamientos y consejos de congéneres respetables y de alto rango, los cuales apenas cuestionamos. Esta tendencia aparentemente innata conduce a las personas a adoptar las técnicas y los modelos transmitidos por vía cultural, aunque no entiendan en absoluto sus fundamentos (Grüter, 2013). Aunque este aprendizaje por conformidad e imitación ha aportado indudables ventajas evolutivas a nuestra especie, constituye también una limitación en muchos sentidos. La naturaleza fuertemente emocional del ser humano lo hace propicio para depositar su confianza en el liderazgo carismático, mucho más que en el liderazgo racional basado en la capacidad y conocimiento objetivos. Superar esta limitación implica de nuevo una maduración personal individuo a individuo. El carisma del líder (político, social, religioso o de cualquier tipo) viene dado por aspectos que estimulan la dimensión emocional de las personas (sus deseos e ilusiones, la necesidad profunda de seguridad, las fantasías y reafirmaciones de su ego…),  y ello se asocia, bastante más que al “contenido” objetivo del líder (sus argumentos, sus capacidad, su conocimiento), a sus aspectos formales, los cuales son por completo independientes de la calidad de su contenido (su aspecto físico, el éxito que representa, la calidad formal y emocional de su oratoria, su capacidad para activar resortes emocionales como miedos y esperanzas de los liderados…). En este sentido, el liderazgo carismático tiene más poder sobre las personas en tanto en cuanto estas personas tienen un nivel de madurez más bajo, de libertad mental, equilibrio interior y autoconocimiento más precarios.

Es de todos conocida la tendencia de la población adolescente a seguir de forma ciega a líderes sociales como cantantes, deportistas o actores, ante lo cual, a menudo los adultos nos mostramos jocosos. Pero con una estructura similar, más allá de la adolescencia las personas pueden seguir con igual ceguera a los líderes políticos, económicos, culturales o religiosos. La evolución de la edad en este caso no implica maduración real, puesto que no cambia mucho la estructura del liderazgo dominante, sino sólo el ámbito de la vida al que se refiere. Una vez más, meras reformas que no tocan de forma esencial la estructura.

Incluso las personas más inteligentes y formadas en términos de erudición, por su falta de sabiduría y lucidez pueden seguir ciegamente a este tipo de líderes. La fuerte necesidad de las personas de integrarse en algún grupo, y de reforzar su identidad a través de él, juega poderosamente a favor de este mecanismo (Aronson, Wilson y Arket, 2005). Un ejemplo a menudo comentado y especialmente dramático de todo esto fue el seguimiento masivo que tuvo un gran líder como Hitler (producto y víctima de sus propios complejos y carencias psicológicas personales), incluso por parte de personas supuestamente muy capacitadas e inteligentes. En la retrospectiva del tiempo, casi todos vemos con claridad (incluso muchos de aquellos mismos seguidores) el disparate y la ceguera de aquellas personas que, bajo convicciones profundas, dieron vida al nazismo y sus terribles consecuencias. Aventuro que mucho más adelante, en la retrospectiva del tiempo, casi todas las personas verán con claridad meridiana, como algo obvio, el disparate y la ceguera con que la masa dominante de nuestra sociedad contemporánea conduce sus vidas, fabrica a sus líderes, se deja guiar por ellos, extermina progresivamente su planeta y construye su propia infelicidad. Y siempre bajo convicciones profundas y aparentemente sensatas.

Pedro Jara Vera

Profesor de Psicología. Psicoterapeuta e impulsor de Regenera.

“No soy feliz”

Texto perteneciente al libro “Me arrepiento del Mañana”

Hace un tiempo, monté una consulta psicológica. Cuando vino el primer cliente, no me confesó un trauma infantil, ni me habló de una fobia, ni de obsesiones, ideas suicidas o de síntomas depresivos. Sólo me dijo: No soy feliz.

-¿No es usted feliz? –exclamé con incredulidad – ¿Sólo eso?

-Sí.

Le pregunté si dormía bien, si comía bien, cómo le iba en el trabajo, en la familia, con su mujer, con sus amigos, si tenía ideas persecutorias, compulsiones, alucinaciones acústicas o visuales, ideas delirantes…y él me respondió a todo que no y que no le iba mal en ningún ámbito. Y me volvió a repetir:

-No soy feliz.

-¡Cómo que no es feliz! – estallé.

-¿Tiene dificultades económicas? ¿Trabajo inestable? ¿Incertidumbre de cara al futuro?

-No. Soy funcionario; director general en la administración pública. Tengo una buena casa con piscina en las afueras, pero a 5 minutos del centro de la ciudad. Tengo un buen coche, una buena esposa, hijos modélicos y un perro cariñoso y alegre.

A ver, ¿a qué partido votó usted en las últimas elecciones?

-Al Partido Popular.

-El que gobierna con mayoría absoluta. Está usted de suerte.

-¿Profesa alguna religión?

-Sí. Catolicismo.

-La religión mayoritaria. Está usted de suerte de nuevo. El Papa vino hace poco a la capital. ¿Fue?

-Sí.

-¿Esconde algún pecado grave que le atormente y que quiera confesarme porque le da pudor hacerlo con un sacerdote?

-No. Ningún pecado. Soy un católico ejemplar.

-¿Le gusta el fútbol?

-Por supuesto.

-Está viviendo usted los años dorados de la Roja. Campeones de Europa y Campeones del Mundo.

-Sí.

-¿Qué más quiere?

– …

-¿Es usted del Madrid o del Barça?

-Barça.

-Este año campeón de liga, campeón de la Copa del Rey y de la Copa de Europa. ¿Y no es usted feliz?

-No.

-En enero tiene usted la nochevieja, los reyes magos y las rebajas; en febrero, el carnaval, San Valentín y la primavera de El Corte Inglés; en marzo, el día del Padre; en abril, la Semana Santa, las procesiones y las Fiestas de Primavera; en Mayo, el día del trabajador para dar un agradable paseo por la Gran Vía; en junio, el día de su región y Roland Garros; en julio, los sanfermines, un campeonato de fútbol internacional, otro de baloncesto o los Juegos Olímpicos; en agosto, las vacaciones en la playa; en septiembre, el reencuentro con sus compañeros y la feria; en octubre, el Día de la Hispanidad; en Noviembre, Halloween y en diciembre, el puente de la Constitución, la navidad, Nochebuena, Papá Noel y el día de los Inocentes. El calendario está pensado para que usted no deje de ser feliz en ningún día del año… y me dice usted ¡QUE NO ES FELIZ!

No entendía nada. Cerré la consulta ese mismo día y no volví más.

Por Enrique Rubio Palazón.
Escritor. Autor de las novelas Tengo una Pistola y Tania con i.