Fiesta de la Economía Social y Solidaria. REAS Murcia

El aniversario de nuestros compañeros de REAS Murcia, Traperos de Emaús, 20 años, Ecomensajeros 19 años, Biosegura 10 años y Los Pájaros 5 años, bien merece una celebración. Una larga trayectoria de iniciativas sociales, solidarias, transformadoras, un camino hacia el bien común y una sociedad justa y sostenible. Te invitamos a que mañana sábado 27 de Junio lo celebres con nosotros en la Fiesta de REAS

Cartel Cena Aniversario Entidades REAS Murcia (27 junio 2015)

La coexistencia de estas entidades junto con B-Live, Tiluchi y ReGenera, conforma un movimiento dinamizador de economía social y solidaria donde el apoyo mutuo y el compromiso con los valores de la carta solidaria de REAS red de redes, es algo que se concreta en proyectos, en personas que aúnan esfuerzos y en una constante revisión de criterios para aportar un carácter mas humano y solidario a la actividad económica.

Coincidiendo con el solsticio de verano vamos a encontrarnos en Los Pájaros el día sábado 27 de junio a partir de las 20 horas. Tenemos previstas varias actividades:

* Cena: 4 tapas ecológicas diseñadas y preparadas para la ocasión por el equipo de cocina de Los Pájaros. Contaremos con Yakka, cerveza local y artesanal.

* Sorteos y sorpresas

* Concierto con Yaima Orozco y Alfred Artigas

* Música Dj con Antuanelo Vinyl-punk para bailar sin parar

* Puestos de venta: agricultura ecológica, cosmética natural y artesana, creatividad y diseño, artesanía solidaria, comercio justo… (si estás interesada en poner tu puesto no dudes en comunicarte con nosotras llamando al tlfno. 639529811)

 

Puedes adquirir tu bono-apoyo al precio de 10€ en cualquiera de las entidades REAS. Con este bono tienes 4 tapas, dos cañas yakka y acceso al concierto-fiesta

 

Puedes seguir las novedades en el evento de REAS en Facebook

 

Crónica de la 7ª Caña ReGenera: ¿Buscamos realmente aprender?

El pasado viernes día 5 de junio celebramos la 7ª Caña ReGenera, consolidando una de las actividades que este año está teniendo muy buena acogida. En torno a un café, caña o aperitivo y de nuevo en el Café Felicidad nos juntamos unas 40 personas para debatir sobre si ¿Buscamos realmente aprender?

Nuestro compañero Pedro Jara, experto psicoterapeuta y autor de los libros “Adicción al pensamiento” y “El mundo necesita terapia”, hizo la introducción al tema y moderó el debate.

En la introducción se definió la esencia del debate: muchas personas al hacer cursos, leer libros de autoayuda o buscar esa ayuda directamente con profesionales cómo psicólogos o “coaches”, buscan reafirmación en lugar de aprendizaje, no están dispuestas a salir de su zona de confort. También ahora están de moda maestros o formadores que provocan mucha satisfacción, pertenencia a variadas filosofías, hasta incluso euforia por ciertas creencias, pero no provocan cambios en la persona, por lo que es cuestionable si realmente nos dejan un aprendizaje.

Se habló del tema de la complacencia y la felicidad, del porqué buscamos sentirnos bien en un momento determinado. Lo apetecible y lo conveniente no siempre es lo mismo. No confundamos esto con el aprendizaje.

7ª Caña.1

Se debatió sobre si el aprendizaje lleva sufrimiento, con el sentido de malestar. Si para crecer hay que sufrir. Quedó claro que más allá de las palabras que se usen, aprender genera tensión y esa tensión nos remueve al sacarnos de nuestra zona de comodidad. Se habló del cuidado del lenguaje, ya que por ser una herramienta tan poderosa para comunicarnos, también tiene peligros para entendernos pues cada persona da un concepto diferente a cada palabra, según su experiencia.

Se debatió sobre el sentido de la espiritualidad y del mal uso que se hace de esta palabra. La espiritualidad es psicología pues está dentro de nosotros, no hay que buscarla fuera, hay que hacer un trabajo introspectivo vigilando mucho el autoengaño, es conectar adecuadamente con nosotros mismos. El autoconocimiento es complejo hasta que lo descubres, lo entiendes, entonces se convierte en la cosa más sencilla y en el aprendizaje más elevado. Con ese aprendizaje llegas a entender la compleja sencillez de las cosas.

Quedó claro que para aprender tiene que haber un cambio en los valores que provoque un cambio en los comportamientos, y que este cambio profundo no se produce si no se rompe un paradigma. Lo paradigmas son creencias, a veces ficticias y creadas para la propia satisfacción de las necesidades. Es difícil y da mucho miedo objetivizar la realidad porque no nos provee de excusas ni disculpas.

7ª Caña.2

Se habló de que el aprendizaje está ligado a la adaptación ante problemas o desafíos. Adaptarse a este mundo requiere mucho aprendizaje. El aprendizaje es pues adaptación al medio. Conforme nos adaptamos al medio, nuestra zona de confort se va ampliando y por tanto también nuestra seguridad. Aprender es pues ampliar esa zona de seguridad, pero para hacerlo hay que ir saliendo de ella, generando pues tensión ante lo desconocido. Por tanto entre seguridad y desarrollo debe de haber un equilibrio. Un exceso de seguridad causa frustración y aburrimiento, un exceso de tensión causa miedo.

Terminamos el debate hablando de la importancia de experimentar para aprender, la propia experiencia es fundamental para aprender y desarrollar la habilidad. El quedarse sólo en la adquisición de conocimientos no culmina el aprendizaje. De siempre se ha aprendido haciendo, la experiencia nos enseña.

Fue intenso, pero durante esas dos horas que duró La Caña, la atención, la diversidad de aportaciones y el respeto por las ideas de los demás nos dejaron un poso donde poder empezar a aprender de verdad.

Esperamos vernos en la próxima.

Pepe Valcárcel.

Empresa abierta: de la competitividad a la coopetitividad

ReGenera y El Eslabón Invisible colaboran con AJE Murcia en el seminario que impartirá Julen Iturbe el próximo 10 de Junio en el CIMM

El año pasado, disfrutamos de Julen dentro del programa de la Escuela ReGenera con una charla y un taller que nos dejó con ganas de más.

Este año vuelve a Murcia a hablarnos de Empresa abierta, de cómo pasar de Competir a COOPETIR, una manera diferente de competir que están aplicando algunas organizaciones, hacen de la cooperación su bandera para que crezca el mercado al que se dirigen, colaborando entre ellas y con el entorno

Julen nos ayudará a comprender el tránsito de la competitividad a la coopetitividad en el momento presente, aprenderemos de los nuevos modelos de negocio coopetitivos y veremos cual podemos aplicar en cada caso

Sin duda, una charla que recomendamos.

Puedes inscribirte Aquí

 

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Leyes naturales y suicidio a fuego lento

Texto original en el blog de Pedro Jara

Cuando algunos colegas de profesión me han preguntado cuál es mi enfoque de la Psicología, a veces comento que mi visión de la Psicología, de la terapia y de la vida, es de tipo naturalista-constructivista. Con ello quiero expresar que fundamentalmente constato la necesidad de respetar las leyes naturales inapelables, que al ser violadas conducen, también de forma inapelable, a todo tipo de sufrimientos. Existe entonces también la necesidad de construir y evolucionar desde ahí, manteniendo en todo caso el respeto esencial a esos principios. Podemos construir y crear, pero ello debería estar siempre en el marco del respeto a las leyes básicas de la naturaleza. Esto no significa en absoluto abogar por la vuelta a las cavernas, sino una evolución y un artificio enmarcado y constreñido dentro del respeto a esas leyes. Leyes sencillas de enunciar, pero difíciles de observar en todo momento.

La mera contemplación y el esfuerzo por comprender a la naturaleza han sido siempre mi mayor fuente de aprendizaje. En mis dos libros dirigidos al gran público queda patente esta visión, y en Adicción al Pensamiento formulo de modo explícito, desde el inicio, las tres leyes esenciales que guían, fundamentan y desde las cuales se construye todo el texto: causalidad, equilibrio y adaptación. Por ello mi visión es también profundamente sistémica, porque la naturaleza, la realidad, lo es.

Así que, cuando surgen las dudas, vuelvo a preguntarle a la naturaleza. Además de las tres leyes generales reseñadas existe una ley que alude a cómo todo organismo o entidad material se transforma y crece siempre de forma limitada, hasta un punto de degeneración y muerte; y todo proceso natural sigue así una cadena cíclica, circular, a modo de circuito cerrado. Una transformación y una evolución, de nacimiento y muerte constantes, que transforma pero preserva la energía existente, con la única fuente externa de la energía del Sol. Por ello no hay nada en la naturaleza que no sea reutilizable.

La naturaleza practica una economía circular, una economía estacionaria, sin crecimiento, de circuito cerrado, donde la energía siempre está disponible para seguir alimentando el ciclo. Todo cambia constantemente, y a la vez todo está siempre ahí. La naturaleza practica una economía ecológica, como no podría ser de otro modo. En línea con ello, ninguna especie animal, salvo la especie humana, se muestra ambiciosa. Todos los seres luchan por satisfacer sus necesidades, pero ninguno lo hace de manera abusiva. Toman lo que necesitan y después se detienen, y descansan, y juegan, y aman.

El ser humano es la única especie abusiva e incansablemente ambiciosa sobre la Tierra. Sólo la especie humana vive y evoluciona violando las leyes naturales básicas, y una manera manifiesta en que lo hace es fundamentando su economía en un sistema de crecimiento y de consumo ilimitado, perpetuo, acumulando deshechos sin retorno, progresando sobre energías caducas, rompiendo los ciclos de reabastecimiento... Ésta es la condición definitoria esencial del liberalismo capitalista que nos rige y al que todos respondemos, que se apropia de expresiones como “desarrollo sostenible” vaciándolas de contenido y maquillando su maquinaria. Un sistema propio de nuestra condición ambiciosa y abusiva. Con independencia de los importantes matices que la derecha o la izquierda políticas le quieran dar a ese sistema, ambas lo apoyan o, como mínimo, no lo cuestionan de manera abierta y decidida. Y aquí está, dicho sin ambages, la profunda estupidez y ceguera en la que nos movemos propia de estas tendencias. Más allá del famoso y políticamente correcto alegato a que todas las opiniones son respetables, no hay nada respetable ni defendible en un planteamiento vital suicida, ignorante, que no responde a una opinión lícita sino a un mero desconocimiento básico de las reglas que la naturaleza nos impone.

Es preciso decirlo con claridad. Puede resultar muy difícil asumir que tanta inteligencia sobre la Tierra construya y siga modos de vida profundamente absurdos, estúpidos y peligrosos. Pero tal cosa es perfectamente compatible, y así es como ocurre. La inteligencia y la estupidez no son cosas opuestas, sino los ingredientes complementarios de un cóctel fatídico: la inteligente y refinada construcción de un desastre. Algo así como el desarrollo de una gran inteligencia militar, como la construcción y uso de la bomba atómica. Por ello distingo siempre la inteligencia de la sabiduría.

Minimizamos o negamos el gran abismo del cambio climático y el general deterioro ecológico, exprimimos sin posibilidad de regeneración el hábitat que nos alimenta, y destruimos sin freno la casa que nos acoge, pretendemos crecer de manera crónica cuando sólo el cáncer hace tal cosa… Hablar de la necesidad imperiosa de una economía ecológica, de una ecología política y de una economía estacionaria, sin crecimiento, se convierte en algo minoritario, arrinconado, incluso “tocanarices” para los grandes debates que mayoritariamente –y absurdamente- nos ocupan, distraen y entretienen. Y así, de distracción en distracción, de entretenimiento en entretenimiento, de urgencia en urgencia y de opinión en opinión, seguimos olvidando lo importante, lo inescapable, lo inopinable.

No se trata de que pagaremos las consecuencias, como si fuera una afirmación radical y apocalíptica que nunca llega, sino de ser capaces de apreciar que ya las estamos pagando. Está ocurriendo ya. Porque todo ello está detrás de tanta injusticia y desequilibrio, de tanta enfermedad, de tanto conflicto, de tanta hambruna, de tanto desastre… Entretanto, absurdamente se pretende situar la causa de todo ello en cuestiones tan puntuales y laterales a las causas de base como pueden ser unas crisis financieras, unas determinadas decisiones políticas o unos liderazgos corruptos. Ya estamos pagando las consecuencias, aunque se quieran disfrazar y vender de otra cosa, y cada vez las pagaremos de manera más dramática y generalizada.

Pero como no hay más ciego que quien no quiere ver, ni comodidad más atractiva que la de mantener el estado suficiente de las cosas y los modos de vida establecidos, ni resistencia más acérrima que la de quienes tienen que encajar en sus estrechas mentes la insoslayable realidad, sólo nos queda trabajar por intentar abrir esas mentes y generar la comprensión necesaria que nos conduzca al respeto a las leyes que nos gobiernan. Que nos gobiernan lo queramos o no.

También lo diré sin ambages: no soy precisamente optimista al respecto. Los cambios radicales sólo se dan ante necesidades y tensiones radicales. Así que, salvo ingenuidad, no podemos hacer nuestra modesta aportación desde una gran esperanza, y sólo podemos recurrir de manera sólida a la coherencia. La esperanza en un proceso siempre frágil y depende de demasiadas cosas, pero la coherencia es plenamente una decisión personal, autodependiente y más inquebrantable. Así que ejercer la mayor coherencia posible hacia la movilización de los cambios necesarios es una cuestión de integridad, de atención al proceso, y de construir con los ladrillos de nuestro mejor ejemplo posible.

Pedro Jara

Imagen portada: Rafael Gershon Glückstern