El documental “La tragedia electrónica” revela que el 75% de los aparatos eléctricos desaparece del circuito oficial de reciclaje y se exporta ilegalmente

 Artículo original en Documentos TV (RTVE).

La emisión en enero de 2011 de Comprar, tirar, comprar puso sobre la mesa el concepto ‘obsolescencia programada’, popularizando un término que, en la práctica, la mayoría de los consumidores había sufrido en primera persona. El que más y el que menos, ya había comprobado que nuestros productos tecnológicos tenían una vida limitada, pero, además, el documental dirigido por Cosima Dannoritzer nos abría los ojos a las graves consecuencias ambientales de este constante usar y tirar: estábamos convirtiendo a países como Ghana en el basurero electrónico del primer mundo.

Cada año, en los países desarrollados se producen hasta 50 millones de toneladas de residuos electrónicos, el 75% de los cuales desaparece de los circuitos oficiales de reciclaje. Su destino habitual son vertederos africanos o asiáticos donde contaminan el agua, la tierra y el aire y envenenan a miles de personas. Un dato que no debería extrañarnos que siguiera creciendo, ya que, solo en 2013, se vendieron 50 millones de televisores de pantalla plana, 300 millones de ordenadores y 2.000 millones de teléfonos móviles y smartphones en todo el mundo.

El papel del consumidor

Visto el volumen de residuos, la falta de recursos para controlar su tráfico y la ineficacia de algunas leyes, La tragedia electrónica concluye el relato apelando a la responsabilidad del consumidor que, consciente de lo que le pasa a un producto cuando acaba su vida útil, quizá debería redefinir su papel; utilizando sus aparatos durante más tiempo antes de que el planeta se convierta en un enorme vertedero con una larga y tóxica vida por delante.

Además, apelamos a que los consumidores apuesten por tecnologías limpias e inspiradas en la naturaleza como la Economía Circular o la Biomímesis, y por las empresas que faciliten información detallada sobre el destino de sus residuos.