Programa de la colaboración de la EBC con la UNIVERDE (Universidad Verde de Verano) organizada por “Green European Foundation” y la “Fundacion Equo” en Murcia

Fecha: Viernes 6 de septiembre de 2013
Hora: 17:00h
Actividad: Inauguración y Conferencia Plenaria: “Economía del Bien Común” a cargo de Paco Álvarez (Emisario de la EBC).
Lugar: Edificio Moneo del Ayuntamiento de Murcia.

Fecha: Viernes 6 de septiembre de 2013
Hora: 18:00h
Actividad: Debate: “Es posible una nueva economía”. Moderado por Diego Isabel La Moneda (Coordinador de la Estrategia Internacional de la EBC).
Lugar: Edificio Moneo del Ayuntamiento de Murcia.

Fecha: Sábado 7 de septiembre de 2013 (Posible cambio para el viernes día 6 a las 12,00 horas. Consultar programa)
Hora: 16:30h
Actividad: Taller: “El Ayuntamiento del Bien Común”. Coordinado por Diego Isabel La Moneda (Coordinador de la Estrategia Internacional de la EBC) y por José Valcárcel (Coordinador del Campo de Energía de la EBC de Murcia). Con la participación del Rafael Climent (Alcalde del ayuntamiento de Muro de Alcoy)
Lugar: Edificio sede de AMUSAL.

Nota aclaratoria: Siendo ReGenera Coordinadora de la Economía del Bien Común (EBC) en Murcia, adjuntamos el programa de las actividades en las que la EBC colabora con al Univerde de Murcia organizada por Equo. Como en varias ocasiones hemos informado, ReGenera comparte actividades e impresiones sobre temáticas afines a nuestro manifiesto y no a ningún posicionamiento de partidos políticos ni comunidades religiosas.

 

“Hay que trabajar menos horas para trabajar todos”

Artículo original de Joseba Elola, publicado en El País

Corría el año 2001 cuando al economista Serge Latouche le tocó moderar un debate organizado por la Unesco. En la mesa, a su izquierda, recuerda, estaba sentado el activista antiglobalización José Bové; y más allá, el pensador austriaco Ivan Illich. Por aquel entonces, Latouche ya había podido comprobar sobre el terreno, en el continente africano, los efectos que la occidentalización producía sobre el llamado Tercer Mundo.

Lo que estaba de moda en aquellos años era hablar de desarrollo sostenible. Pero para los que disentían de este concepto, lo que conseguía el desarrollo era de todo menos sostenibilidad.

Fue en ese coloquio cuando empezó a tomar vuelo la teoría del decrecimiento, concepto que un grupo de mentes con inquietudes ecológicas rescataron del título de una colección de ensayos del matemático rumano Nicholas Georgescu-Roegen.

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Se escogió la palabra decrecimiento para provocar. Para despertar conciencias. “Había que salir de la religión del crecimiento”, evoca el profesor Latouche en su estudio parisiense, ubicado cerca del mítico Boulevard Saint Germain. “En un mundo dominado por los medios”, explica, “no se puede uno limitar a construir una teoría sólida, seria y racional; hay que tener un eslogan, hay que lanzar una teoría como se lanza un nuevo lavavajillas”.

Así nació esta línea de pensamiento, de la que este profesor emérito de la Universidad París-Sur es uno de los más activos precursores. Un movimiento que se podría encuadrar dentro de un cierto tipo de ecosocialismo, y en el que confluyen la crítica ecológica y la crítica de la sociedad de consumo para clamar contra la cultura de usar y tirar, la obsolescencia programada, el crédito sin ton ni son y los atropellos que amenazan el futuro del planeta.

El viejo profesor Latouche, nacido en 1940 en la localidad bretona de Vannes, aparece por la esquina del Boulevard Saint Germain con su gorra negra y un bastón de madera para ayudarse a caminar. Hace calor.

La cita es en un café, pero unos ruidosos turistas norteamericanos propician que nos lleve a su estudio de trabajo, un espacio minúsculo en el que caben, apelotonadas, su silla, su mesa de trabajo, una butaca y montañas de libros, que son los auténticos dueños de este lugar luminoso y muy silencioso.

Pregunta. Estamos inmersos en plena crisis, ¿hacia dónde cree usted que se dirige el mundo?

Respuesta. La crisis que estamos viviendo actualmente se viene a sumar a muchas otras, y todas se mezclan. Ya no se trata solo de una crisis económica y financiera, sino que es una crisis ecológica, social, cultural… o sea, una crisis de civilización. Algunos hablan de crisis antropológica…

P. ¿Es una crisis del capitalismo?

R. Sí, bueno, el capitalismo siempre ha estado en crisis. Es un sistema cuyo equilibrio es como el del ciclista, que nunca puede dejar de pelear porque si no se cae al suelo. El capitalismo siempre debe estar en crecimiento, si no es la catástrofe. Desde hace treinta años no hay crecimiento, desde la primera crisis del petróleo; desde entonces hemos pedaleado en el vacío. No ha habido un crecimiento real, sino un crecimiento de la especulación inmobiliaria, bursátil. Y ahora ese crecimiento también está en crisis.

Latouche aboga por una sociedad que produzca menos y consuma menos. Sostiene que es la única manera de frenar el deterioro del medioambiente, que amenaza seriamente el futuro de la humanidad. “Es necesaria una revolución. Pero eso no quiere decir que haya que masacrar y colgar a gente. Hace falta un cambio radical de orientación”. En su último libro, La sociedad de la abundancia frugal, editado por Icaria, explica que hay que aspirar a una mejor calidad de vida y no a un crecimiento ilimitado del producto interior bruto. No se trata de abogar por el crecimiento negativo, sino por un reordenamiento de prioridades. La apuesta por el decrecimiento es la apuesta por la salida de la sociedad de consumo.

P. ¿Y cómo sería un Estado que apostase por el decrecimiento?

R. El decrecimiento no es una alternativa, sino una matriz de alternativas. No es un programa. Y sería muy distinto cómo construir la sociedad en Texas o en Chiapas.

P. Pero usted explica en su libro algunas medidas concretas, como los impuestos sobre los consumos excesivos o la limitación de los créditos que se conceden. También dice que hay que trabajar menos, ¿hay que trabajar menos?

R. Hay que trabajar menos para ganar más, porque cuanto más se trabaja, menos se gana. Es la ley del mercado. Si trabajas más, incrementas la oferta de trabajo, y como la demanda no aumenta, los salarios bajan. Cuanto más se trabaja más se hace descender los salarios. Hay que trabajar menos horas para que trabajemos todos, pero, sobre todo, trabajar menos para vivir mejor. Esto es más importante y más subversivo. Nos hemos convertido en enfermos, toxicodependientes del trabajo. ¿Y qué hace la gente cuando le reducen el tiempo de trabajo? Ver la tele. La tele es el veneno por excelencia, el vehículo para la colonización del imaginario.

P. ¿Trabajar menos ayudaría a reducir el paro?

R. Por supuesto. Hay que reducir los horarios de trabajo y hay que relocalizar. Es preciso hacer una reconversión ecológica de la agricultura, por ejemplo. Hay que pasar de la agricultura productivista a la agricultura ecológica campesina.

P. Le dirán que eso significaría una vuelta atrás en la Historia…

R. Para nada. Y en cualquier caso, no tendría por qué ser obligatoriamente malo. No es una vuelta atrás, ya hay gente que hace permacultura y eso no tiene nada que ver con cómo era la agricultura antaño. Este tipo de agricultura requiere de mucha mano de obra, y justamente de eso se trata, de encontrar empleos para la gente. Hay que comer mejor, consumir productos sanos y respetar los ciclos naturales. Para todo ello es preciso un cambio de mentalidad. Si se consiguen los apoyos suficientes, se podrán tomar medidas concretas para provocar un cambio.

P. Dice usted que la teoría del decrecimiento no es tecnófoba, pero a la vez propone una moratoria de las innovaciones tecnológicas. ¿Cómo casa eso?

R. Esto ha sido mal entendido. Queremos una moratoria, una reevaluación para ver con qué innovaciones hay que proseguir y qué otras no tienen gran interés. Hoy en día se abandonan importantísimas líneas de investigación, como las de la biología del suelo, porque no tienen una salida económica. Hay que elegir. ¿Y quién elige?: las empresas multinacionales.

Latouche considera que las democracias, en la actualidad, están amenazadas por el poder de los mercados. “Ya no tenemos democracia”, proclama. Y evoca la teoría del politólogo británico Colin Crouch, que sostiene que nos hallamos en una fase de posdemocracia. Hubo una predemocracia, en la lucha contra el feudalismo y el absolutismo; una democracia máxima, como la que hemos conocido tras la Segunda Guerra Mundial, con el apogeo del Estado social; y ahora hemos llegado a la posdemocracia. “Estamos dominados por una oligarquía económica y financiera que tiene a su servicio a toda una serie de funcionarios que son los jefes de Estado de los países”. Y sostiene que la prueba más obvia está en lo que Europa ha hecho con Grecia, sometiéndola a estrictos programas de austeridad. “Yo soy europeísta convencido, había que construir una Europa, pero no así. Tendríamos que haber construido una Europa cultural y política primero, y al final, tal vez, un par de siglos más tarde, adoptar una moneda única”. Latouche sostiene que Grecia debería declararse en suspensión de pagos, como hacen las empresas. “En España, su rey Carlos V quebró dos veces y el país no murió, al contrario. Argentina lo hizo tras el hundimiento del peso. El presidente de Islandia, y esto no se ha contado suficientemente, dijo el año pasado en Davos que la solución a la crisis es fácil: se anula la deuda y luego la recuperación viene muy rápido”.

P. ¿Y esa sería también una solución para otros países como España?

R. Es la solución para todos, y se acabará haciendo, no hay otra. Se hace como que se intenta pagar la deuda, con lo que se aplasta a las poblaciones, y se dice que de este modo se liberan excedentes que permiten devolver la deuda, pero en realidad se entra en un círculo infernal en el que cada vez hay que liberar más excedentes. La oligarquía financiera intenta prologar su vida el máximo tiempo posible, es fácil de comprender, pero es en detrimento del pueblo.

¿Una voz alternativa que debería ser escuchada? Recomienda la línea de pensamiento de Ivan Illich, humanista y pensador austriaco. “Es un hombre que, en un nivel muy profundo, pone de manifiesto las aberraciones del sistema en el que vivimos.

¿Una idea o medida concreta para un mundo mejor? Argumenta que sus ideas y medidas concretas “están todas unidas las unas a las otras”, por lo que no quiere escoger una. A lo largo de la entrevista desliza varias; una de ellas: trabajar menos para trabajar todos.

¿Un libro? Prosperidad sin crecimiento. Economía para un planeta finito (editado en España por Icaria Editorial), de Tim Jackson. “Es muy próximo a mis ideas sobre el decrecimiento”.

¿Una cita? Se remite a Keneth Boulding, uno de los pocos economistas, dice, que comprendieron el problema ecológico, que dijo: “El que crea que un crecimiento exponencial es compatible con un planeta finito es un loco o un economista”.

Serge Latouche es profesor emérito de la Universidad París-Sur y precursor de la teoría del decrecimiento.

La economía circular: una revolución inspirada en la naturaleza

Imaginemos ciudades, donde los residuos se conviertan en valiosos recursos. Pensemos en productos que nos proporcionen múltiples beneficios, a través de su diseño inteligente. Ahora, pensemos en un mundo que, además, estuviera alimentado por energías renovables y recursos locales. Pues ahora salgamos al espacio natural más cercano (si no, pensemos en alguno que nos resulte familiar) y analicemos su funcionamiento. De manera sencilla, veremos que las cualidades que tanto deseamos para nuestra economía se dan de manera cotidiana en la naturaleza. Es más, estos patrones han funcionado armoniosamente durante 3.800 millones de años, edad aproximada de la vida en la Tierra, dando lugar a la abundancia y diversidad que observamos en la naturaleza.

En cambio, los humanos hemos adoptado un modelo económico lineal – producir, usar y tirar -, el cual conduce inexorablemente a un agotamiento progresivo de los recursos naturales y a la acumulación de residuos tóxicos en la biosfera, comprometiendo la viabilidad de nuestra sociedad a medio o largo plazo.

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Como soluciones a ambos problemas, surgieron conocidos remedios como el desarrollo sostenible o la regla de las 3 erres (3R, Reducir, Reutilizar y Reciclar), que se han incorporado a nuestras legislaciones para regular los estándares de contaminación y favorecer la recogida selectiva de residuos industriales y urbanos. Sin embargo, estas alternativas no se han mostrado eficaces y la crisis ambiental se agrava con el paso del tiempo. Permitidme un ejemplo: según datos de Ford, para fabricar un coche de 1.500 kg se necesitan 25.000 kg de materias primas. Desgraciadamente, desarrollo sostenible y 3R son propuestas que siguen ancladas en el viejo paradigma de economía lineal que asume como inevitable la producción de residuos, sólo que, en estos casos, a un ritmo menor: ganamos tiempo, pero el problema persiste. Por otra parte, las empresas perciben estas medidas como un aumento de sus costes y los consumidores no disponen de la información adecuada que les ayude a elegir los productos en función de su impacto en la naturaleza. Esta situación se agrava aún más en economías capitalistas globalizadas orientadas a maximizar beneficios y a deslocalizar producción y contaminación a países con marcos legislativos más permisivos.

En los últimos años, varias iniciativas han dado forma a lo que hoy conocemos como economía circular. El arquitecto norteamericano Bill McDonough y el químico alemán Michael Braungart publicaron en 2003 una obra clave titulada De la cuna a la cuna: rediseñando la forma en que hacemos las cosas, que ha sido catalogada como la próxima revolución industrial. En esta obra se desarrollan los principios para optimizar el diseño y la producción a nivel arquitectónico e industrial. También han desarrollado la certificación C2C (acrónimo de Cradle to Cradle, de la Cuna a la Cuna en inglés) que evalúa en qué grado el producto ha sido creado conforme a los estándares circulares. En 2010 nace la Fundación Ellen MacArthur cuyo objetivo es hacer una transición hacia una economía circular, trabajando con expertos, educadores y empresas. Su primer informe, publicado en 2012, concluye que una transición hacia la economía circular ahorraría unos 650.000 millones de euros de aquí al 2025 en el sector europeo de manufactura.

La economía circular pretende crear ciclos cerrados de materiales para reducir progresivamente la extracción de recursos naturales, usando energías renovables y recursos progresivamente más locales. Los productos están pensados para ser desensamblados al final de su vida útil y recuperar los valiosos materiales que los componen según dos tipos generales:

  • Nutrientes biológicos: sustancias biodegradables que, tras su procesado industrial, pueden ser usadas como abono.
  • Nutrientes técnicos: sustancias no biodegradables, normalmente aleaciones o polímeros, que están pensadas para ser usadas de manera modular e indefinida, y que pueden ser ensambladas y desensambladas usando cantidades muy bajas de energía.

Existen varios ejemplos que han demostrado la viabilidad económica de negocios circulares a distintas escalas. Uno de ellos lo protagoniza la firma alemana PUMA, que ha lanzado una nueva colección ropa con el certificado de la Cuna a la Cuna (C2C). Para fabricar esta línea, utilizan polímeros biodegradables, algodón ecológico y poliéster reciclado, lo que les permite reducir al máximo el uso de sustancias tóxicas, fertilizantes y pesticidas. La PUMA track jacket está hecha en un 98% a partir de botellas PET recicladas. Cuando esta chaqueta se rompa o deje de ser útil se podrá transformar, de forma barata, en poliéster granulado que servirá para hacer chaquetas o cualquier otro material útil. Esta colección también incluye zapatillas biodegradables o mochilas hechas de materiales reutilizables. Dentro de esta campaña, se ha incluido la distribución de contenedores en tiendas para que los clientes dejen su ropa deportiva usada para que pueda ser reutilizada para crear ropa nueva, reducir costes y eliminar contaminación.

La economía circular está revolucionando el mundo desde el caviar a partir de cartón usado, pasando por restaurantes o tiendas que producen su propia comida a partir de los residuos urbanos, multinacionales como Ford, Nike o Puma, o incluso a nivel de estado, como el caso de las Ecociudades chinas. Es el momento de rediseñar nuestro futuro. Es el momento de cambiar la manera en que producimos, aprendiendo de la naturaleza a optimizar y a propiciar la vida y la armonía.

Cayetano Gutiérrez Cánovas es investigador en el grupo de Ecología Acuática (UMU) y participa en programas de educación a través de la naturaleza.

“No soy feliz”

Texto perteneciente al libro “Me arrepiento del Mañana”

Hace un tiempo, monté una consulta psicológica. Cuando vino el primer cliente, no me confesó un trauma infantil, ni me habló de una fobia, ni de obsesiones, ideas suicidas o de síntomas depresivos. Sólo me dijo: No soy feliz.

-¿No es usted feliz? –exclamé con incredulidad – ¿Sólo eso?

-Sí.

Le pregunté si dormía bien, si comía bien, cómo le iba en el trabajo, en la familia, con su mujer, con sus amigos, si tenía ideas persecutorias, compulsiones, alucinaciones acústicas o visuales, ideas delirantes…y él me respondió a todo que no y que no le iba mal en ningún ámbito. Y me volvió a repetir:

-No soy feliz.

-¡Cómo que no es feliz! – estallé.

-¿Tiene dificultades económicas? ¿Trabajo inestable? ¿Incertidumbre de cara al futuro?

-No. Soy funcionario; director general en la administración pública. Tengo una buena casa con piscina en las afueras, pero a 5 minutos del centro de la ciudad. Tengo un buen coche, una buena esposa, hijos modélicos y un perro cariñoso y alegre.

A ver, ¿a qué partido votó usted en las últimas elecciones?

-Al Partido Popular.

-El que gobierna con mayoría absoluta. Está usted de suerte.

-¿Profesa alguna religión?

-Sí. Catolicismo.

-La religión mayoritaria. Está usted de suerte de nuevo. El Papa vino hace poco a la capital. ¿Fue?

-Sí.

-¿Esconde algún pecado grave que le atormente y que quiera confesarme porque le da pudor hacerlo con un sacerdote?

-No. Ningún pecado. Soy un católico ejemplar.

-¿Le gusta el fútbol?

-Por supuesto.

-Está viviendo usted los años dorados de la Roja. Campeones de Europa y Campeones del Mundo.

-Sí.

-¿Qué más quiere?

– …

-¿Es usted del Madrid o del Barça?

-Barça.

-Este año campeón de liga, campeón de la Copa del Rey y de la Copa de Europa. ¿Y no es usted feliz?

-No.

-En enero tiene usted la nochevieja, los reyes magos y las rebajas; en febrero, el carnaval, San Valentín y la primavera de El Corte Inglés; en marzo, el día del Padre; en abril, la Semana Santa, las procesiones y las Fiestas de Primavera; en Mayo, el día del trabajador para dar un agradable paseo por la Gran Vía; en junio, el día de su región y Roland Garros; en julio, los sanfermines, un campeonato de fútbol internacional, otro de baloncesto o los Juegos Olímpicos; en agosto, las vacaciones en la playa; en septiembre, el reencuentro con sus compañeros y la feria; en octubre, el Día de la Hispanidad; en Noviembre, Halloween y en diciembre, el puente de la Constitución, la navidad, Nochebuena, Papá Noel y el día de los Inocentes. El calendario está pensado para que usted no deje de ser feliz en ningún día del año… y me dice usted ¡QUE NO ES FELIZ!

No entendía nada. Cerré la consulta ese mismo día y no volví más.

Por Enrique Rubio Palazón.
Escritor. Autor de las novelas Tengo una Pistola y Tania con i.

La séptima (y no última) reforma eléctrica, o el día de la marmota

¿Recuerdan esa película? En ella, el protagonista se enfrentaba un día tras otro a la misma celebración, sin poder escapar de ella. Así son el déficit de tarifa, la séptima reforma eléctrica, las razones del  Ministro de Industria de turno y las exposiciones de motivos de todas las reformas anteriores: que el único problema de nuestro sistema eléctrico es el déficit, especialmente por las primas a las renovables,  que  se reparten los sacrificios de forma equilibrada entre todos los agentes (debería decir las gentes) y que esta es la definitiva. ¡Falso!

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Realmente esta reforma favorece a  las grandes eléctricas, nos perjudica a consumidores y propietarios de instalaciones renovables y no aborda los problemas reales del sistema eléctrico. Veamos:

1. El déficit de tarifa no es el problema del sistema eléctrico, sino sólo de las grandes eléctricas: las renovables abaratan el precio de la electricidad en el mercado eléctrico mayorista (pool), de tal modo que las primas se compensan por una reducción en los ingresos que reciben los titulares de las centrales de carbón, gas, nucleares y gran hidráulica. Por tanto, debería haber una caída significativa en los beneficios de las grandes eléctricas. ¿Por qué no ha sucedido? Porque los distintos gobiernos, con reformas legislativas ad hoc, y las estrategias de estas compañías (verdaderos oligopolios bilaterales en producción y comercialización) se han ocupado de compensar, por otras vías, la citada caída de ingresos. Con la penetración renovable por donde más les duele, las grandes eléctricas no deberían dar beneficios. Sus beneficios de estos últimos años son por consiguiente, la explicación real del déficit de tarifa.

2. La reducción, incluida en la reforma, sobre los ingresos de la distribución, del que se ocupan las empresas de UNESA, tendrá una vez más un pequeño impacto en sus resultados. Les servirá para justificar ERES y despedir barato, eso sí. Pero su posición de dominio casi absoluto del mercado eléctrico, supondrá aumentar de precios en el mercado mayorista,  compensando la caída en distribución. Se cumplirá así un principio casi matemático: si se impone un “sacrificio” a las grandes eléctricas, la “cuenta” la acabamos pagando los consumidores.

3. Los titulares de tecnologías renovables no tienen capacidad de influir en la determinación de precios del mercado. Su actividad depende exclusivamente de la regulación y, una vez más, la reforma consagra medidas retroactivas tremendamente injustas. Quienes decidieron invertir en  una actividad con retribución y condiciones fijadas en el BOE, ven cómo el mismo BOE les cambia radicalmente las condiciones antes de recuperar el dinero. Me gustaría ver ahora la beligerancia que nuestro Gobierno regional mostró con otros Gobiernos centrales que tanto nos maltrataban.

4. Los problemas reales de nuestro sistema eléctrico y energético son otros: dependencia energética por importe de 50.000.000.000 €, emisión masiva de gases de efecto invernadero, (origen del mayor  problema que enfrenta el mundo,  el cambio climático) y la existencia de un mercado oligopolístico que, en manos de cinco avariciosas poderosas (el gran capital, como los bancos), nos exprime a los ciudadanos y acoge a políticos retirados en sus dulces, bien pagados y vergonzosos consejos de administración.

Frente a ello,  sólo contamos con eficiencia, ahorro y renovables (que ya pueden competir sin ayudas con las tecnologías convencionales) pero de todo ello la reforma pasa de puntillas, cargando doblemente contra el consumidor y contribuyente vía presupuestos del Estado y vía subida de la luz. Es la solución que lleva fracasando desde 2009.

¿Y qué pueden hacer? Entren en internet, apúntense a alguna cooperativa  o empresa (SOMENERGIA o GESTERNOVA p.e.) que les garantice suministro 100 % renovable. Dejarán de contaminar y pagar al capital insaciable y contaminante. Sean valientes y den el paso. ¡¡Ustedes pueden hacerlo!!

Por Mario Sánchez Herrero, miembro de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético y Antonio Soler, Educador Ambiental